Francisco Faig
Francisco Faig

Dos movimientos opuestos

Hay dos grandes movimientos de opinión y procesos de decisión que se opondrán en esta semana previa a las elecciones.

El que termine primando entre los más de 300.000 uruguayos que decidirán su voto en estos días, será el que condicionará los apoyos finales tanto del Frente Amplio (FA) como del Partido Nacional (PN) y sus aliados.

De un lado está el movimiento que favorece al FA. Se centra no solo en una especie de difuso sentido de agradecimiento por las mejoras económicas de estos 15 años, sino sobre todo en la convicción de que, a pesar de los muchos pesares, el FA merece seguir gobernando: porque asegura que la puerta del Estado seguirá abierta, con sus clientelismos benefactores que tanto ilusionan o que tanto se disfrutan ya; porque su pretendida superioridad moral, sobre todo ilustrada en las mejoras sociales para muchos, sigue seduciendo; o porque apela a la identidad tribal que, a pesar de críticas, resentimientos o enojos, exige la adhesión al momento clave del voto, de forma de enfrentar el terrible embate de la derecha neoliberal y oligarca.

Del otro lado está el movimiento que favorece a los partidos de la alternancia. Se centra en un hartazgo extendido hacia un oficialismo que no logró resolver problemas que se agravan hace más de un lustro, como el de la inseguridad; y en una convicción de que es hora de cambiar para lograr mejorar de una vez por todas situaciones críticas, como por ejemplo la del desempleo y la de la baja del poder adquisitivo y de la rentabilidad.

A esta perspectiva le importa un comino la superioridad moral de tal o cual; sabe perfectamente que el clientelismo no es monopolio del FA y que quedará muy lejos de extinguirse si ganan los partidos de la alternancia; y en nada le conmueve la apelación a una nostálgica identidad izquierdista.

Que el FA esté más cerca de 37% o de 44% el domingo próximo dependerá de cuál de estos movimientos haya sido el que finalmente haya primado en la opinión. No es algo que las encuestas puedan prever, porque se definirá sobre todo en los últimos tres días. No dependerá de la confrontación de argumentos, porque la decisión pasará por lo emocional y lo íntimo de cada uno. Pero sí será fundamental para el balotaje de noviembre, porque no es lo mismo que Martínez quede a 15% que a 8% de ventaja sobre Lacalle Pou.

¿Hay indicios de qué ocurrirá? Se sabe que el PN disputará con vigor el primer lugar en el Interior al FA, pero no parece que se le acerque en la capital; la amplia estrategia proastorista de Talvi, liquidada por el aparato político y cultural izquierdista, no fue suplida con éxito; el retorno al FA de los disconformes avanzó mucho, y ya se verificó en figuras emblemáticas como Filgueira y Mir (pequeño blanco ingenuo: hacer el juego a Eduy21 siempre fue un error); y Manini Ríos disputa muy bien al mujiquismo el voto popular, incluso en Montevideo.

Finalmente, hay también dos certezas opuestas: por un lado, hace 20 años que el FA no tiene una elección nacional tan difícil. Pero por otro lado, si quieren enfrentar con chances reales a Martínez en el balotaje, los partidos de la alternancia deberán hacer fuertes e inequívocos gestos en favor de Lacalle Pou desde el próximo domingo.

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