Francisco Faig
Francisco Faig

Misterio y templanza

Uno de los problemas del análisis de la evolución electoral actual es que es un escenario con muchas novedades.

¿Cuánto hace, por ejemplo, que el Frente Amplio (FA) no estaba en 27% a tres meses de las elecciones generales?

Ese es el primer dato nuevo: la fuerte caída del FA con relación a 2004, 2009 y 2014. Coincide con dos realidades: su renovación generacional fofa, comparada con el peso de los tres líderes que condujeron a las tres victorias; y un apriete económico nunca antes vivido por el FA en el gobierno. Todo el mundo se acostumbró a un FA electoralmente fuerte; todo el mundo escudriña qué opciones tomarán los centenares de miles de desencantados. ¿Un FA como en 1994, en el eje del 33%, es posible? (una pregunta que la izquierdista politología nacional, acomodada a tanto cargo, se hace, además, con tono de voz trágico y sufriente).

El segundo dato nuevo es la afirmación fortísima de un cuarto partido. No fue el Nuevo Espacio de Michelini ni en 1994 ni en 1999; no fue el Partido Independiente en todo el ciclo frenteamplista, que a duras penas llegó al Senado en 2014; no es el Partido de la Gente ahora. Es Cabildo Abierto, que solo para mostrar presencia en junio sacó 50.000 votos, y que parece aglutinar apoyos como para ser, al menos, electoralmente tan importante como el Nuevo Espacio de Batalla de 1989. Muchos analistas, cómicos repetidores de tontas consignas, no entienden a Manini: lo descalifican por bolsonarista, por militar, por su apellido o por lo que fuera. Pero ahí está, firme, y con bases populares sólidas.

El tercer dato es el resurgimiento colorado. Hace 20 años que no vota bien; saca de la galera un candidato sin trayectoria partidaria; y hoy quiere creer estar en carrera para el balotaje. ¿A quién le quita votos: al FA moderado, a los blancos, a Mieres? ¿Cuánto pierde por derecha con Manini? Aquellos que recuerdan que bajó de 33% a 10% entre 1999 y 2004, ¿creen que puede pasar en 5 años de 13% a por lo menos 26% para acercarse al balotaje? Hoy es una incógnita.

Los más previsibles, en varios sentidos, son los blancos. Forman un partido de gran vitalidad en las urnas, hecho de varios sectores sólidos y con grandes respaldos electorales, ordenado y con programa único, que muestra procesar con éxito sus diferendos internos, y que es consciente de su lugar de liderazgo en la coalición de alternancia partidaria por el poder. Todo el mundo sabe que lo diferente al FA es el Partido Nacional: desde la política exterior, pasando por la bancarización obligatoria, siguiendo por la reforma educativa, la política fiscal, las prioridades medioambientales, sociales y de salud, o la política de cárceles y de seguridad.

No hay que enloquecerse ni perder el rumbo. Ya se sabe que si ganan los partidos desafiantes, el gobierno será pluripartidario. Ya se irá sabiendo en estas semanas cuáles son las medidas prioritarias con las que cada partido pretende incidir en ese futuro gobierno. Si el FA se hunde en una votación parecida a la de 1994, es razonable que muchos y distintos partidos crezcan. Ya llegará el tiempo de los acuerdos concretos, cuando el agua se asiente y se sepa qué respaldo electoral real tiene cada uno.

Que cada uno haga su juego. No hay misterios. Lo que el país precisa es liderazgo con templanza.

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