Francisco Faig
Francisco Faig

Michelinadas ilustradas

El éxito electoral del Frente Amplio ha reposado en la conjunción de tres figuras: Vázquez, Mujica y Astori, cuyo promedio de edad para octubre de 2014 estará muy cerca de los ochenta años.

El éxito electoral del Frente Amplio ha reposado en la conjunción de tres figuras: Vázquez, Mujica y Astori, cuyo promedio de edad para octubre de 2014 estará muy cerca de los ochenta años.

Con las enseñanzas del ejercicio del poder, los tres fueron moderando sus discursos. Astori dejó de alabar la economía socialista cubana, como en los 80; Mujica dejó de organizar disturbios, como el del Filtro de 1994; y Vázquez entendió que fue un error pedir el default del país en plena crisis de 2002.

Sin embargo, uno de los graves problemas del Frente Amplio es que su generación de cincuentones no hizo esos aprendizajes. Como niños adoctrinados incapaces de entender la realidad, se han hecho grandes y siguen creyendo y repitiendo las vacuas consignas con las que los formó la vieja generación que terminó ganando el poder.

El senador Michelini, por ejemplo, ya no puede seguir hablando de la dictadura. Ahora, se afana en mostrar que los malos son los blancos y los colorados. Si ganan ellos, dice, habrá recortes en programas sociales, educación y salud. Son las michelinadas: no hay nada verdadero en lo que dice, ni hay propuestas en serio. Solo hay ratificación del mundo de buenos y malos que conforta el alma militante.

Deje a los cincuentones frenteamplistas solos y verá cómo se pierden en las michelinadas. Constanza Moreira le mentirá sobre la evolución de la pobreza en los años noventa; Daniel Martínez creerá que para fomentar el emprendeurismo privado hay que hacer un ente público que se ocupe del tema; Mónica Xavier buscará hacer una campaña electoral que compare 2014 y 2002 para sentirse segura debatiendo sobre el pasado. Lorenzo escribió un artículo que refleja bien este talante: un nosotros siempre justo y bueno, y un ellos siempre alejado de los intereses populares. Ojo, fue antes de plantear la inconstitucionalidad para salvarse (esa que Michelini decía que no era y ahora dice que sí es, aplicando así lo que enseña el manual de michelinadas prácticas).

Ninguno de estos muchachos cincuentones atinó a defender la independencia del Poder Judicial cuando la asonada del año pasado. Pasaron días perdidos en los meandros de la michelinada, hasta que tuvo que llegar Vázquez a recordarles que las decisiones de la Justicia se respetan y se acatan. A pesar de haber sido jóvenes estudiantes que sufrieron la persecución de la dictadura, ninguno es capaz hoy de criticar a Maduro. La michelinada conceptual, que se sabe es un perfecto oximoron, los paraliza. Y la cosa no mejora con las nuevas generaciones. El grupo de treintones que apoya la candidatura de Moreira repite en esquema de comedia caricatural lo que en los cincuentones es tragedia vital (en esto son bien marxistas).

El talante de la michelinada intenta deslegitimar la dimensión de izquierda del Partido Independiente. Pero la verdad es otra. Mientras que los cincuentones frenteamplistas se resguardan en los tres ancianos que juntan los votos para que ellos sigan cobrando sus suculentos salarios, el Partido Independiente conjuga valores de izquierda, respeto por el pluralismo político y convicción republicana. Mal que les pese, pervive como ilustración permanente de que la cultura política de izquierda es capaz de ser más rica, compleja y sofisticada que las fútiles michelinadas de los adolescentes cincuentones frenteamplistas.

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