FRANCISCO FAIG

Igual votan al FA

Pasan los años y Montevideo está cada vez peor. Sin embargo, no todas las zonas sufren por igual: allí donde más vota el Frente Amplio (FA) es donde se registra la peor inseguridad.

Por el lado de los apoyos electorales, en octubre de 2014 el FA recibió cerca de medio millón de votos en Montevideo, un 53,5% de los emitidos; el Partido Nacional, 25,7%, y el Partido Colorado, 10,6% del total. Pero esa victoria apabullante fue aún más contundente en los barrios de menores ingresos de la capital. Por ejemplo: en Cerro, Casabó, Rincón del Cerro, Cerro Norte, La Paloma, Santa Catalina y Nuevo París, más del 66% de sus vecinos votaron al FA; y en Casavalle, Malvín Norte, Jardines del Hipódromo, Bella Italia y Pajas Blancas, los apoyos al FA nunca fueron menores al 60% del total.

Por el lado de la inseguridad, homicidios, hurtos y rapiñas son los tres delitos más relevantes para medirla. En general, la situación en 2014 no fue peor que la de 2017, año de los últimos datos presentados por el Ministerio del Interior. Si se analizan allí las cifras de los delitos que implican violencia, es decir las rapiñas y los homicidios, el panorama es claro: la peor situación es la de los barrios populares. De los 161 homicidios cometidos en Montevideo, 57 de ellos, es decir, más de un tercio, ocurrieron en Casavalle, Tres Ombúes- Pueblo Victoria, La Paloma-Tomkinson, Flor de Maroñas y Malvín Norte. De las 15.659 rapiñas denunciadas, 2.221 lo fueron en esos cinco barrios.

Finalmente, la situación de dos extremos también es muy ilustrativa. De un lado, Casavalle: con 18 homicidios y 668 rapiñas en 2017, votó casi en un 64% al FA en 2014. Del otro lado, Punta Carretas: con un homicidio y 213 rapiñas en 2017, votó en menos del 40% al FA en 2014. Así, por mucho que sufra la inseguridad, el vecino de Punta Carretas no puede imaginar siquiera lo que es el infierno cotidiano de Casavalle.

¿Cómo explicar que quienes más se perjudican por la inseguridad sean también quienes votan más al FA? Hay varias razones, pero destaco aquí dos. Primero, que en la misma década que aumentó la inseguridad ocurrió algo fundamental que es atribuido al FA en el poder: una mejora radical del consumo, del trabajo y de los ingresos en esos barrios populares. Evidentemente, falta muchísimo por mejorar; pero hoy el trabajador que allí reside tiene más poder adquisitivo que hace 15 años. Segundo, los partidos de oposición casi que abandonaron sus tareas proselitistas en Montevideo, y sobre todo en los barrios populares. No hay un solo dirigente, por ejemplo, que se perciba como claro candidato a Intendente opositor, ni tampoco hay ningún énfasis discursivo en los temas que desvelan a las clases socioeconómicas más bajas.

Así las cosas, agradecido con el FA por las mejoras económicas de estos años y sin divisar alternativa partidaria alguna a la actual hegemonía izquierdista (y a Mujica, su figura estelar), el mundo popular acepta el aumento ineluctable de la delincuencia con resignación bíblica. Y lo más trágico es que no hay nada en el horizonte político que deje pensar que esto cambiará.

Mal pero acostumbrados, los más pobres seguirán votando mayoritariamente al partido que ha mostrado ser incapaz de mejorar su situación de inseguridad.

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