Francisco Faig
Francisco Faig

No habrá TLC

A pesar de los buenos anuncios del Ejecutivo, tanto para Chile como para China, la verdad es que finalmente no habrá tratados de libre comercio (TLC) con ninguno de los dos países.

A pesar de los buenos anuncios del Ejecutivo, tanto para Chile como para China, la verdad es que finalmente no habrá tratados de libre comercio (TLC) con ninguno de los dos países.

El problema no solo radica en las dificultades diplomáticas que esos acuerdos comportan, con respecto a Brasil y Argentina sobre todo, y a la vigencia de este Mercosur favorable a los intereses de los países grandes. Antes que eso, el problema es político/doméstico y, sobre todo, frenteamplista.

En la opinión menos politizada hay una propensión natural a no prestar demasiada atención a los programas de Gobierno. La confianza del voto es ganada por el candidato y por el partido, y así ocurrió en 2014 en la inmensa mayoría de los votantes que apoyaron a Vázquez. Sin embargo, la actitud de la izquierda más ideológicamente aguerrida y militante del Frente Amplio es bien distinta: ella siempre se ha preocupado por fijar el rumbo del gobierno a partir de las pautas establecidas en el programa.

En política exterior, el compromiso escrito de la izquierda es el de promover la inserción internacional del Uruguay desde el Mercosur. Su voluntad política definió claramente, por ejemplo, que no podremos sumarnos a la Alianza del Pacífico si no lo hacen todos los demás países del Mercosur. Y estipuló también que para firmar TLC bilaterales tendremos que tener el visto bueno de nuestros vecinos mercosureños.

El presidente y una parte de la izquierda podrán plantear con razón la relevancia estratégica de la firma de TLC con distintos países del mundo, y de empezar con Chile para luego abrir el juego en Asia a uno de nuestros principales destinos comerciales. Sin embargo, hay otra parte de la izquierda en la que se integran referentes intelectuales como Caetano; políticos como Mujica; sindicalistas vinculados al Pit-Cnt o empresarios que se perjudicarían de esa apertura a la competencia internacional, que no están de acuerdo con esta forma de abrirse al mundo.

La clave es que esa izquierda contraria a los TLC tiene consigo la razón del programa de gobierno comprometido en 2014. Pero además, se apoya en el muro de yerba que impide al gobierno aprobar medidas en el Parlamento con mayorías otorgadas por los partidos de oposición. En efecto, sería muy fácil ratificar en el Senado estos TLC con apoyo de blancos, colorados, independiente y de parte de la izquierda, dejando de lado a una mayoría de votos frenteamplistas vinculados al liderazgo de Mujica o cercanos al Partido Comunista.

Empero, eso no ocurrirá jamás porque la unidad del Frente Amplio está por encima de cualquier consideración estratégica del país. Así las cosas, por mucho que pueda parecer relevante un TLC con Chile para abrir mercados en el Pacífico, y por mucho que parezca elemental para el sector exportador competitivo nacional ingresar el mercado chino sin desventajas con respecto a la producción de Australia o Nueva Zelanda, por ejemplo, lo cierto es que sin ninguna duda el poder de veto de la izquierda que discrepa con esta forma de inserción internacional será el que termine ganando la pulseada.

No hay que engañarse. Hay una izquierda convencida de la “patria grande” y demás tonterías que jamás irá contra los intereses de Brasil y Argentina. Aquí no habrá ningún TLC.

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