Francisco Faig
Francisco Faig

La grieta analítica

Los lentes izquierdistas ven de forma particular el escenario abierto con el triunfo de la coalición multicolor. Son usados por la mayoría de quienes analizan y comentan la vida política del país.

Esa forma de ver las cosas cree que existe una presión neofascista en el gobierno por el papel que cumple Cabildo Abierto (CA); considera que el apoyo ciudadano a la administración de Lacalle Pou es superficial; y entiende que las reformas que promueve el oficialismo son reaccionarias, neoliberales y antipopulares. Podrá resultar muy ideologizada o exagerada. Pero existe y es incluso mayoritaria en el mundo universitario de ciencias sociales.

Esa forma de percibir la realidad no tiene voluntad alguna, por ejemplo, de entender de verdad el fenómeno CA: ni su inserción social, ni su entretejido ideológico, ni su estrategia gubernativa, ni las dificultades que comporta su rápido y gran tamaño organizacional, ni, por cierto, la notoria inteligencia política de su líder. Tampoco analiza siquiera mínimamente los resultados electorales y las alianzas sociales que llevaron al triunfo a Lacalle Pou en 2019, porque si así fuera ya habría tomado nota de su fuerte arraigo popular. Y tampoco quiere ver, por ejemplo, que las disposiciones de la ley de urgencia han sido popularmente muy bienvenidas, porque reflejan el cambio de fondo que la gran mayoría votó.

¿Y qué pasa con las diferencias internas en la coalición? Ahora, por ejemplo, hay un proyecto sobre eutanasia que no convence a todos los partidos coaligados; hay un duro planteo de CA contra el fiscal de Corte que no es compartido por otros partidos; y la bancada que responde a Talvi discrepa sobre la amplitud de un plazo con relación a la residencia fiscal para extranjeros. La respuesta es que ninguna de estas discrepancias, y muchas otras que vendrán, romperán la coalición de gobierno.

Sanguinetti ha sido muy claro sobre su integración en la alianza hasta 2025, y Manini Ríos no pierde oportunidad de mostrar que entiende bien la profundidad y la importancia del acuerdo multipartidario que puso a CA en el poder. En definitiva, ambos comparten con Lacalle Pou un pragmatismo sustancial acerca de los lugares de cada uno, de la necesidad de avanzar juntos, y del sustento mayor de la estrategia para lograr permanecer en el poder más allá de 2025: llevar adelante en estos años una gran administración conjunta. Sin embargo, el análisis izquierdista es muy distinto también sobre este tema, ya que en cada diferendo interno de la coalición multicolor ve una crisis grave.

Así las cosas, la distancia entre una percepción y otra es gigantesca. La izquierda analítica cree que nos estamos hundiendo hoy en un pozo represivo y reaccionario, mientras que quienes miran la realidad fuera de esa matriz zurda estiman que vivimos las consecuencias esperables de una fuerte alternancia en el poder, de una gran renovación generacional de liderazgos, y de una estrategia oficialista que terminó de entender cabalmente las reglas electorales y políticas que se fijaron en la reforma de 1997.

Son dos formas radicalmente distintas de entender la política. Carecen totalmente de puntos de contacto. Estamos así ante una dimensión más de la grieta que atraviesa al país: la grieta analítica.

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