Francisco Faig
Francisco Faig

Fuga y cordón

La decisión muy mayoritaria del Frente Amplio de acompañar un referéndum contra al menos alguna parte de la ley de urgente consideración, señala bien cuál es el camino que la oposición ha decidido emprender.

Se trata de la fuga hacia la izquierda. Esto quiere decir que se hace fuerte en la interna del FA el que se muestre más radical en su latir izquierdista. Así, frente a la doble derrota de octubre-noviembre de 2019 y su confirmación de setiembre pasado, la reacción propia de esa fuga es afirmar que el FA perdió porque comunicó mal y porque la gente no valoró bien su legado. También, esa fuga está convencida de que la izquierda debe dar la batalla de Stalingrado contra este gobierno neoliberal que marcha a paso militarista hacia un futuro retrógrado.

Esta lógica comunista de agudización de las contradicciones es la que termina llevando de la nariz a todo el FA: porque es la más activa dentro del socio clave que es el sindicalismo; porque es la que ganó con Cosse en Montevideo; y porque su dinámica se entrelaza con la de los otros dos aparatos ideológicamente más afines a los comunistas, y que todos juntos conforman la mayoría interna del FA, hechos de socialistas radicales y de tupamaros pos Mujica. El horizonte es el de la movilización permanente, para asegurar el protagonismo radical y comunista interno; el de la confrontación ideológica, para designar claramente al enemigo de clase hoy representado por la coalición republicana; y el de una apuesta tácita al fracaso del gobierno, por causa de la desestabilización social (azuzada por la izquierda) y de las inevitables consecuencias económicas negativas de la pandemia.

La respuesta solo puede ser el cordón sanitario. La metáfora, que refiere sobre todo al período de posguerra con fuertes crecimiento económico y presencia comunista en Italia y Francia, se traduce aquí en aceptar, como debe ser en democracia liberal, la existencia cultural, sindical y política de esta evidente fuga hacia la izquierda. Pero, al mismo tiempo, el cordón sanitario exige que el gobierno no deje de implementar sus políticas, esas que siguen estando muy alejadas de lo que propone esta izquierda radicalizada, y que, por cierto, contaron con un respaldo ciudadano muy mayoritario tanto en 2019 como en 2020.

Si, por ejemplo, este FA logra que el referéndum se realice, el cordón sanitario implica que se dé con convicción y firmeza la batalla de las ideas. Porque, como para el caso de su radicalización que pretende representar mayorías, también sobre este proceso de referéndum la izquierda se equivoca: ni los apoyos de la coalición republicana están a la defensiva, ni el pueblo uruguayo ha adherido jamás a las consignas propias de una fuga hacia la izquierda.

Nada debe impedir que la radicalización izquierdista se exprese, siempre dentro del marco del respeto por la convivencia pacífica. Y nada debe impedir que el país prosiga su rumbo reformista, plural, modernizador, que procura un mayor desarrollo económico en base a más inversiones y mejor inserción internacional, y del cual este FA de ADN leninista ha decidido autoexcluirse con contundencia y estrépito.

Fuga hacia la izquierda y cordón sanitario: ese será el escenario político de los próximos años.

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