Francisco Faig
Francisco Faig

Feliz en Miami

"El que no está en Miami, está en los balnearios, si no está en Argentina”: así describió Martínez lo que ocurre en época de vacaciones en Montevideo.

Vivimos en una sociedad socialmente fracturada. Por un lado, esa fractura implica que en un mismo país coexisten grupos sociales paralelos sin vínculos comunes, ni referencias culturales compartidas, ni comparables o semejantes niveles de vida. Por otro lado, ella hace más difícil la tarea del político que aspira a encarnar una amplia representación de la sociedad, ya que ahora los entramados culturales y económicos de las clases sociales son muy distintos entre ellos.

Cuando hay fractura social están rotos los lazos de socialización verticales que unían a los de abajo con los de arriba y con los del medio. Gana entonces protagonismo la socialización horizontal que privilegia las relaciones entre pares y similares, es decir, entre gentes cuyos mundos pueden ser algo diversos sí, pero que nunca abarcan a la verdadera y más amplia diferenciación social, esa que actualmente comporta universos simbólicos radicalmente distintos (sobre todo en los extremos de la sociedad).

¿Cómo formar parte de la nomenclatura frenteamplista y no creer, sinceramente, que “todo el mundo” parte de vacaciones en Montevideo? Martínez no imagina una clase media, que es allí en donde a todo buen uruguayo le gusta incluirse, sin vacaciones. Su mundo, es decir su círculo social, hace diferencias, en todo caso, en los destinos posibles de ese común y amplio descanso. Y ello no mengua su sensibilidad social: a Martínez le “duele” el 8,6% de pobreza. Quiere de corazón que esos uruguayos mejoren. Pero cuidado: es una pobreza minoritaria. No es “todo el mundo”.

A pesar de lo que Martínez cree, los datos estadísticos son inapelables: la mayoría de los uruguayos no se toman vacaciones que impliquen el despliegue que él presume. Nadie niega que hubo enormes mejoras en niveles de consumo en estos tres lustros. Pero ellas no alcanzaron a las amplias clases medias en la hondura que Martínez imagina cuando expresa que “llegan las vacaciones y no hay nadie en Montevideo”. Quizá sí quede desierto su barrio de Buceo; pero Punta de Rieles, no.

Frívolo para muchos, lo más importante del hueco comentario es que mostró hasta qué punto se puede estar cortado de la realidad. Es entendible, si se sabe que Martínez y su señora hace al menos una década que, por ocupar cargos jerárquicos de gobierno, reciben en conjunto más de 10.000 dólares al mes en salarios. Pero es igualmente una tragedia, cuando se sabe que la nomenclatura izquierdista en el poder, de la que ese matrimonio forma parte, es la que se autoasigna el monopolio de la sensibilidad social y la defensa de los más pobres contra “algunos pocos poderosos” (según Martínez).

No hay que buscar muy lejos las causas del divorcio de las pequeñas clases medias, del Interior sobre todo, con el Frente Amplio. Con ingenua naturalidad, estas declaraciones muestran que en esta sociedad fracturada la dirigencia frenteamplista no representa al pueblo. Su talante pasa por entretener al viejo, clientelista e ideologizado comité de base con zurdas, anticuadas y conocidas consignas, mientras disfruta del bronceado de su acomodado ombligo. Y si es en Miami, mejor.

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