Francisco Faig
Francisco Faig

Fechas patrias

Fue un error correr los días feriados de fechas patrias para que se formaran fines de semana largos. Fue más lo que se perdió que lo que se ganó con esa medida.

La motivación era atendible: evitar los “días sandwich” que impedían configurar fines de semanas de tres días que, de fijarse con antelación, podían favorecer, por ejemplo, el turismo interno de corta estadía. En un país en el que los funcionarios públicos, por ejemplo, tienen tendencia a enfermarse los viernes y los lunes mucho más que cualquier otro día de la semana, la medida tenía sentido económico y práctico.

El problema es que a esa decisión de la administración Jorge Batlle le siguieron quince años de gobiernos del Frente Amplio (FA) que, con voluntad refundacional, cambiaron el signo de los actos patrios. Por unos años, se intentó incluso concentrar todos los festejos patrios relevantes en la fecha del nacimiento de Artigas, al que también se lo pasó a denominar el día del Nunca más terrorismo de Estado, y se lo terminó asimilando con el comercial día del abuelo.

En los años de la presidencia de Mujica, se quitó valor simbólico al 18 de Julio que festejamos hoy: porque los Tupamaros no creen en la originalidad de nuestra Patria, sino que están enamorados de una patria grande que ha de ser voluntaristamente construida y, por tanto, conviene evitar recordar con pompa y solemnidad evento tan fundador del Uruguay- país independiente como lo es la jura de su primera Constitución. Se suma, en este objetivo, la ya total identidad entre la víspera del 25 de agosto con la popular fiesta de la nostalgia. Y para el FA, la fecha en la que se celebra nuestra independencia es, en realidad, el día del comité de base.

Es una gran mentira de la mundialización líquida, para retomar el célebre adjetivo que caracteriza a la modernidad según Bauman, creer que es posible llevar adelante una vida plena y feliz sin ataduras identitarias, históricas, concretas, hechas del pago, del terruño, del pueblo, de un colectivo que sobrepasa al individuo y que lo envuelve en sus tradiciones, sus anhelos y sus vivencias comunes.

En este sentido, si hay algo que ha quedado claro luego de esta pandemia, es que las personas no están hechas para vivir aisladas; y que el hiperindividualismo teórico que piensa los vínculos sociales desde su ombligo primigenio, es artificial. En definitiva, la nación es el devenir de un conjunto amplio de gente, hecho de una historia en común y de una voluntad de proyectarse juntos hacia el futuro.

Se precisa que nuestra enseñanza siga haciendo hincapié en las gestas que formaron nuestro carácter nacional. ¿O acaso el éxodo de 1811 no es el primer signo de nuestro amor nacional por la libertad, cuya última expresión es, en este 2021, el respaldo colectivo a la política de la libertad responsable? ¿O acaso no es característica esencial de nuestra política, que el orden constitucional que nos damos debe ser siempre ratificado por el pueblo, como lo hicieron todos los que habitaban los distintos pagos del país en los juramentos de la Constitución del 18 de julio de 1830?

Hay que asentar el recuerdo de los grandes momentos que nos forjaron como nación. Así, es buena cosa que el Ejecutivo haya ya anunciado su voluntad de derogar el corrimiento de los feriados.

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