Francisco Faig
Francisco Faig

Ser exigente

Hay que seguir siendo exigentes con la gestión de gobierno.

Primero, porque el Frente Amplio (FA) colmó la paciencia de la mayoría del país con sus ridículos apoyos y sus grotescas justificaciones acerca de los oscuros episodios que protagonizó en sus quince años de ejercicio del poder. Desde la tontería del plan Atlanta hasta la caravana en favor de quien siendo el principal de economía almorzaba en secreto con el hombre de la derecha en el caso Pluna; pasando por los izquierdos aplausos de apoyo para Placeres en el Parlamento aun cuando ya eran evidentes sus maniobras corruptas en el Fondes; o por el cariño de Mujica hacia el criollo Pato Celeste, el país no quiere volver a sufrir necedades similares pero que vengan con signo opuesto. Lo que el pueblo votó en 2019 fue un cambio sustancial.

Segundo, porque a partir de esa constatación debe quedar claro que la Coalición Republicana (CR) no transige con situaciones de ese tipo. Por supuesto, hay que separar el histérico grito izquierdista que quiere ver hoy corrupción por todas partes, del sereno análisis de casos graves en los que, notoriamente, había que dar golpes de timón. Dos ejemplos recientes en este sentido: el ministro Heber sancionó con cambios jerárquicos los horrores que se conocieron que ocurrían en las cárceles, marcando rotundamente lo que es la antítesis de la gestión Bonomi; y la renuncia del ministro Cardoso fue una decisión tan drástica como necesaria, habida cuenta del cada vez peor olor que despide todo el episodio estonio. Que todos tomen nota: el gobierno no encubre nada y las responsabilidades se ejercen.

A medida que vamos saliendo de la urgencia sanitaria la atención se va focalizando en temas que fueron postergados, y en cambios que no tomaron la velocidad que debían por causa de la circunstancia excepcional que sufrimos pero que ahora deben acelerarse. El planteo de la reforma y mejora de Colonización, por ejemplo, es en este sentido ilustrativo: a un año y medio del cambio de gobierno, no se puede achacar toda la responsabilidad a los horrores de la anterior gestión del FA. No se pueden demorar más las propuestas oficialistas que dejen en claro que, allí también, el recreo se acabó. Para el caso del Antel Arena, era evidente que la ventilación de información que dispuso Gurméndez iba a tener consecuencias graves sobre la figura política de Cosse. Y ojo que todo ese baile recién empieza: Antel será para Cosse lo que Ancap fue para Sendic.

Habrá más auditorías. Cualquiera que haya estado más o menos bien informado durante la era izquierdista ya sabe, hoy, que ellas describirán los estropicios que fueron las gestiones del FA. Pero, a la vez, tan importante como que eso quede muy claro es que la CR dé también señales muy fuertes de que el talante gubernativo hecho de desidia y poco apego que caracterizó al FA, se terminó. Que nadie juega al empate; que nadie hace la plancha.

Ya hay varios ejemplos diáfanos en este sentido: un tratado de libre comercio con China; cambios radicales en la producción del Portland de Ancap; y multimillonarias inversiones en infraestructuras portuarias. Pero hay que seguir yendo a fondo. Para ello, importa mucho que la opinión pública siga siendo muy exigente con el gobierno.

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