Francisco Faig
Francisco Faig

Los errores de Vázquez

Es cierto que Vázquez debe correrse hacia la izquierda en esta etapa de campaña electoral interna para dejar un espacio marginal al apoyo que los frenteamplistas den a Moreira. Pero también es cierto que Vázquez tiene la interna ganada y que, por tanto, su mayor preocupación para gobernar debiera de ser la conquista del centro del espectro político, que vota sobre todo en octubre, para alcanzar la mayoría absoluta del Parlamento.

Es cierto que Vázquez debe correrse hacia la izquierda en esta etapa de campaña electoral interna para dejar un espacio marginal al apoyo que los frenteamplistas den a Moreira. Pero también es cierto que Vázquez tiene la interna ganada y que, por tanto, su mayor preocupación para gobernar debiera de ser la conquista del centro del espectro político, que vota sobre todo en octubre, para alcanzar la mayoría absoluta del Parlamento.

Lejos de seducir esa sensibilidad política, Vázquez la está repeliendo: a fines de 2013, con el infeliz comentario de que habría de mantener la actual política de seguridad y haciendo un balance positivo de la gestión de Bonomi; en el arranque de 2014, con la relativización de la crisis de la enseñanza: es un foco, dijo, no un incendio, y la situación actual no es como para criticar tanto.

La elección del jingle de campaña es una perfecta síntesis de esos errores: se apela a una canción que tiene ya diez años sin crear nada nuevo; se reivindican los cambios de una década desde una fuerte identidad frenteamplista; y se deja en manos del nombre del caudillo, repetido hasta el cansancio al final de la canción, la decisión de lo que vendrá.

El uruguayo de clase media, que no está casado con nadie, moderado, que votó al Frente Amplio en esta década pero que está disconforme con algunos resultados de su gobierno, que sabe que hay que enfrentar los problemas de seguridad y de enseñanza con una resolución mayor que la mostrada por la administración Mujica, que se da cuenta de que la situación económica regional cambió y que la garantía astorista de buen manejo de la gestión pública caducó, precisa certezas distintas. No lo convence esta campaña de Vázquez caudillesca, mesiánica y que además relativiza los graves problemas del país.

¿Cómo puede ser que un político agudamente inteligente como Vázquez cometa estos errores? Hay al menos dos explicaciones posibles.
La primera es que está viejo. Vázquez ganó con cierto discurso y conoce estrategias que ya dieron resultado. Con el paso del tiempo, ¿para qué cambiarlos? Es la ley de la vida que todo hombre mayor que fue exitoso tienda a sobreestimar las herramientas del pasado y a confiar en ellas por aquello de que son buenas y conocidas. No se explica de otra forma su torpe ataque a Larrañaga por haber viajado a conocer la experiencia finlandesa en educación. Antes de 2004, eso daba resultado. Hoy, queda como un soberbio incapaz de reconocer los esfuerzos de los demás.

La segunda es que está cortado de la realidad. Hace ya muchos años que Vázquez dejó de ser el andariego candidato que recorría el país y acumulaba fuerzas para ganar. Hace décadas que integra la élite económica más alta. No sabe de las penurias de la pequeña clase media uruguaya en seguridad, educación y preservación del mayor nivel de vida alcanzado estos años. Además, el microclima de la dirigencia frenteamplista tampoco sirve para hacerse de un cable a tierra. Todos están acomodados con altos salarios públicos; la mayoría tiene a sus hijos o nietos en la enseñanza privada; casi ninguno vive en barrios populares ni sufre pues, realmente, la inseguridad cotidiana. Vázquez podrá dar un discurso de solidaridad y blablablá. Pero su vida es otra: está hecha de burguesía acomodada.

Así las cosas, no es casualidad que ya casi nadie crea que la izquierda alcanzará la mayoría absoluta en octubre.

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