Francisco Faig
Francisco Faig

Eclesiastés y alternancia

Bien dice el Eclesiastés que hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol. A tres semanas de las elecciones, hay que entender bien qué momento político vivimos.

Nuestro juego proselitista es de orfebrería. Por un lado, hay que diferenciarse del resto de forma de ganar visibilidad y protagonismo para obtener la confianza del pueblo. Por otro lado, si se quiere ser creíble hay que dejar en claro ante la opinión pública que se aceptan las implicancias políticas de la polarización que impone el balotaje presidencial. Finalmente, todo esto debe conjugarse con prag-matismo ya que los urugua-yos saben bien que, en política, se eligen los rivales y no los aliados.

Lacalle Pou ha mostrado ser un fino orfebre. Lo demostró con su templanza en la campaña interna y con su rapidez estratégica en la noche del 30 de junio. Y lo ha dejado en claro en estos meses al aceptar los matices de sus futuros aliados y al insistir con una integración plural en un eventual próximo gobierno de mayoría relativa blanca.

Respetando aquello de que hay un momento para todo, se mostró con estatura presidencial en el debate a la vez que empezó a plantear la idea de prestar atención a las convergencias políticas entre los futuros socios de gobierno, de forma de dar certezas al pueblo.

Quizá sorprendentemente para muchos, y aquí me incluyo, también Manini Ríos ha demostrado en estos meses una sutileza política que a priori resultaba impropia de un militar de carrera. Fijó prioridades claras en sus discursos y propuestas; determinó lineamientos concretos para una futura gobernabilidad centrada en el cambio; actúa en función de la polarización del balotaje; y muestra asumir sin dramas la pluralidad partidaria de una eventual alternancia, incluso aceptando a actores que lo han criticado pasionalmente. No es casualidad por tanto que todas las encuestas lo den creciendo, ya que en definitiva aparece como un profesional en la tarea. Un buen orfebre.

Guste o disguste, un eventual gobierno de alternancia estará sustentado en el Parlamento en parte sobre los votos de los blancos y del partido de Manini Ríos, porque así la gente lo está anunciando desde los resultados de las internas.

Enojarse por ello, como hace Mieres hoy con menos de 3% de intención de voto, deja entrever una tozudez infantil. Un estratega que comete el enorme error de no aceptar la polarización instalada, que se alía y luego rompe con Valenti, y que ahora plantea exigencias propias de un protagonismo que no tiene, es alguien que más bien parece desdeñar los constreñimientos propios de la política.

Ofenderse con los medios de comunicación; sostener diferencias artificiales con los blancos; arremeter ciegamente contra Manini Ríos; y botijear o ensalzar, según el humor del día, al viejo referente socialdemócrata frenteamplista Astori, como ha hecho Talvi, deja una sensación de adolescentes pataletas que se niegan a aceptar los límites de la realidad y las responsabilidades que un político tiene con el país (más aún para la tradición colorada).

Antes, era un tiempo distinto. Ahora, a tres semanas de la elección, es momento de asentar una alternancia plural aceptando con grandeza el lugar que la Historia está reservando a cada uno. El Eclesiastés es sabio.

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