Francisco Faig
Francisco Faig

Disenso en el gobierno

El acuerdo general alcanzado en Diputados por los partidos que forman la coalición multicolor para votar la ley de urgente consideración (LUC), sin cambios fundamentales con respecto a lo que se votó en Senadores, muestra que el país tiene estabilidad de gobierno y mayorías sólidas que la respaldan.

En este contexto cabe entonces preguntarse por las diferencias que han surgido, o que podrán aparecer, en votaciones puntuales o en perfiles distintos de políticas de gobierno. En concreto, por ejemplo, un diputado de Cabildo Abierto no votó el corrimiento de las elecciones departamentales; se informó que el futuro excanciller y el senador Sanguinetti discrepan con relación a la opción preferida del Ejecutivo en torno a la candidatura a presidente del BID; y el diputado del Partido Independiente ha señalado que no votará el capítulo de la LUC que refiere a la bancarización obligatoria.

¿Son señales de desorden, o forman parte de un talante de coalición diferente al que nos tenían acostumbrados los 15 años de administraciones frenteamplistas? Si se tiene en cuenta que las discrepancias no han puesto en jaque ninguna determinación sustancial del gobierno, entonces es claro que no se trata de entrevero en el rumbo común de los partidos de la coalición, o de problemas de gobernabilidad para el país. Más bien lo que está ocurriendo es un acomodamiento, tanto de parte de los actores de gobierno como de la opinión pública, a un ejercicio del poder que, sin dejar de ser firme, deja que corra un aire tolerante de libertad de palabra en la opinión, en el matiz y en la discrepancia dentro del oficialismo.

Como casi siempre cuando se trata de explicar cómo funciona la política, el más claro en este sentido fue Sanguinetti. Para el caso, firmó junto a otros expresidentes de la región una carta crítica a la opción norteamericana en favor de la presidencia del BID, pero también aceptó la opción presidencial distinta a la suya. Además, bajó radicalmente los decibeles a la diferencia así expuesta. En política, separar lo esencial de lo accesorio es fundamental, y eso hacen tanto el expresidente, como Lacalle Pou y como el senador Manini Ríos, quien, por ejemplo, desactivó con inteligencia la torpe iniciativa que alguno en su propio partido había planteado sobre una amnistía a militares.

Los pilares de la coalición son blancos, colorados y cabildantes. Pero es buena cosa también que los dos partidos menores, de 1 diputado cada uno, manejen con inteligencia la dualidad disenso-gobierno. En efecto, sus votos no son decisivos para aprobar las leyes, pero su gestualidad importa para demostrar lealtad al proyecto colectivo del cual forman parte. En este sentido, el amplio conjunto de altos jerarcas que integran el gobierno en representación del Partido Independiente debiera de dar una señal de nobleza y ética de la responsabilidad, y asegurar el voto de su representante en Diputados para toda la LUC. Es lo mínimo, ¿no?

En cualquier caso, creer que la coalición se romperá porque se expresan matices dentro el oficialismo es haber entendido muy poco acerca del profundo sustento político que respalda a Lacalle Pou. Hay gobierno de rumbo claro y con votos, a la vez que hay libertad de palabra para que se expresen disensos.

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