Francisco Faig
Francisco Faig

Delirios del comité

Vázquez hizo saber que la declaración del Plenario sobre las mentiras de Sendic no fue ni oportuna ni ajustada. Sin embargo, ella es representativa de lo que el comité de base cree que está ocurriendo de verdad en el país y en la región.

Vázquez hizo saber que la declaración del Plenario sobre las mentiras de Sendic no fue ni oportuna ni ajustada. Sin embargo, ella es representativa de lo que el comité de base cree que está ocurriendo de verdad en el país y en la región.

La declaración no la emprende contra la oposición y los medios por cinismo, sino por genuino convencimiento. Se integra así a cierta extendida interpretación de la coyuntura regional hecha por otros actores políticos y sociales de izquierda. Un par de ejemplos lo ilustran: Clacso, cuando denuncia una especie de mano invisible neoliberal y golpista que quiere poner preso a Lula en Brasil; o Telesur, cuando describe una desestabilización de Venezuela que quiere destruir los avances chavistas.

Para cualquiera medianamente informado esta forma de ver las cosas oscila entre lo delirante y lo ridículo. Pero no hay que subestimarla. En el Frente Amplio se trata del triunfo ideológico de la corriente más aguerrida. Ella está muy bien representada por Constanza Moreira, que se preocupó con tenacidad por interpretar en clave izquierdista lo ocurrido con la mentira de la licenciatura y con el descalabro de Ancap. Ambos episodios quedaron ligados así a este embate regional antiprogresista que, según esta interpretación, ha alcanzado nuestras bucólicas penillanuras y debe ser enfrentado sin medias tintas.

Centenares de compañeros del comité, así como politólogos y cientistas sociales de izquierda en general, comulgan con esta visión. No quieren exagerar, porque son conscientes de que no estamos en la Sierra Maestra de 1958. Pero, luego de hojear a Laclau, tampoco quieren pecar de ingenuos. Perspicaces, estiman que el embate es indisimulable: el país respira un aire parecido al del asedio antipopular de la revolución libertadora de 1955. Tiene rostro de nuevo uruguayo, sonrisa de Patricia Madrid y estética de agroboy de Patria Gaucha.

Ante tal peligro, había que abrazarse a Sendic porque es “de los nuestros” y punto, como bien explicó Moreira. Y había que atacar a la oposición y a la prensa para contrarrestar sus maniobras divisionistas, a la vez que situarlos, de hecho y por las dudas, en el lugar de chivos expiatorios del comité.

Sendic habló así desde un “nosotros revolucionarios”, de los bravos que llegan en Audi a las reuniones. Ratificó días más tarde la clara y entrañable transparencia de su intransigencia revolucionaria, al pedir licencia en el Senado con una nota firmada: “Lic. Raúl Sendic”.

¿Cómo sigue todo esto? Por un lado, es cierto que hay llamativos y fuertes enojos. Pero ya habrá tiempo para que el calor del poder reconcilie a los compañeros dolidos, incluso a los pocos miles que terminarán firmando contra la resolución del Plenario. Por otro lado, convivir con interpretaciones delirantes de la realidad no es nue-vo en la izquierda, ¿o ya olvidamos el fraterno saludo a Ceausescu días antes de su caída?

Pero lo más importante es que estos asuntos no interesan casi nada a las mayorías populares, que solo quieren que el Frente Amplio sea el escudo de los débiles.

En todo el sistema político, Vázquez parece ser de los pocos que entienden bien esto. Sobre su espalda carga, enhiesto, con los delirios del comité.

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