Francisco Faig
Francisco Faig

Concertación nuestra

Más allá de los detalles de tal o cual encuesta, las evoluciones posjunio muestran que parece difícil que la relación de fuerzas Partido Nacional (PN)-Partido Colorado (PC) termine siendo en la votación de octubre como lo que ocurrió en 2004 o en 2014, es decir, de 3 votos a 1 en favor del PN. Y eso cambia el rostro político de la alternancia posible.

Hay un modelo cercano que hay que mirar más de cerca: el chileno de la “concertación de partidos por la democracia”, que gobernó ese país entre 1990 y 2010 con sus dos principales protagonistas que fueron la Democracia Cristiana y el Partido Socialista, a los que se sumaron otros partidos electoralmente menos fuertes. Por supuesto que hay diferencias, sobre todo porque el desafío en Chile pasaba por asentar y legitimar la democracia luego de una férrea y larga dictadura.

Sin embargo, hay una gran similitud con lo que se precisa hacer en el Uruguay de los próximos 20 años. En efecto, la concertación enfrentó (con éxito) el desafío de insertar a su país en el mundo, de asegurar un crecimiento sostenido que permitiera el afianzamiento de amplias clases medias, y de fijar políticas de largo plazo en inversión de infraestructura y en educación. Todo eso potenció a Chile y lo llevó a ser hoy, sin duda, el mejor país de la región. Chile eligió y reeligió a la concertación, con sus presidentes de acentos más democristianos o más socialdemócratas. Dio tiempo así a la modernización-democratización necesaria de su amplia derecha, que finalmente alcanzó el poder con Piñera en 2010.

PN y PC deben ser los conscientes protagonistas de una concertación a la uruguaya. La campaña electoral que mira a octubre seguramente mostrará los perfiles diferentes de ambos partidos y de sus candidatos, en una lógica de competencia para alcanzar el balotaje. Pero lo sustancial, que todo el mundo sabe, es que PN y PC ofrecerán al país un gobierno de coalición, en el que además seguramente participen otros partidos de votaciones menores. Y la clave es que Talvi y Lacalle Pou, ambos, deben liderar, desde los lugares que las urnas dispongan en octubre, una concertación a la uruguaya de largo plazo que tenga voluntad de reforma, legitimidad electoral y política, y decisión de rumbo duradero.

Así como en Chile el pinochetismo no podía ser opción popular mayoritaria luego de 1990, el Frente Amplio de las nuevas generaciones, volcado a la izquierda, que aplaude a los Kirchner y comulga con Maduro, no es una opción mayoritaria para nuestro Uruguay de siempre republicano y democrático. A la izquierda le hará bien procesar una renovación democrática que, infelizmente, no termina de asumir del todo desde la ya lejana caída del muro de Berlín en 1989. Mientras tanto, al país le hará bien una concertación amplia y plural que se afirme en consensos de gobierno de largo plazo a llevar efectivamente adelante.

Los muy malos datos de educación, inseguridad, emigración, evolución del empleo y rentabilidad empresarial, y el ya obvio naufragio del Mercosur político con la dupla Fernández-Bolsonaro, muestran hasta qué punto se precisa un liderazgo nuevo para conducir el futuro del país. La solución es la complementariedad, la cooperación y la mirada larga conjunta del PN y del PC. Es la concertación a la uruguaya.

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