Francisco Faig
Francisco Faig

Civilizar a la izquierda

No hace un mes que gobierna Vázquez. Pero ya va quedando claro cuál es el signo general de su administración y cuáles sus dificultades. Se trata de terminar de civilizar al Frente Amplio.

No hace un mes que gobierna Vázquez. Pero ya va quedando claro cuál es el signo general de su administración y cuáles sus dificultades. Se trata de terminar de civilizar al Frente Amplio.

Hay una tradición de talante socialdemócrata en la izquierda. Modernizada, ella implica aceptar la economía de mercado; valorar las virtudes de la democracia liberal y representativa por encima de cualquier engendro participativo o socialista; generar políticas públicas que promuevan la igualdad; y aceptar reformas estructurales y cierta exigencia de calidad en la implementación de esos cambios, que acompasen los tiempos del capitalismo internacional. Esta hoja de ruta, si se mira desapasionadamente a cada uno en su tiempo y con sus particularidades, fue la que guió a González en España, a Mitterrand en Francia, a Cardoso en Brasil o a Lagos en Chile.

Generalizar ese talante en el FA es lo que significa civilizar a la izquierda. Los ejemplos, en pocas semanas, ya son numerosos. El invento del Fondes mujiquista, que servía para sostener proyectos empresariales solidarios, compañeros y fracasados, se terminó. La política exterior de la patria grande, mutó en la defensa del interés nacional. Los proyectos de obras equivocadas, como el puerto en Rocha o el Antel Arena, dejaron de ser prioridad. El Ejecutivo negocia con el Parlamento, y en todo caso, después conversa con los sindicatos. Y no está dispuesto a forzar la mano del Poder Judicial en la ley de medios que, se sabe, tiene inconstitucionalidades.

Sin embargo, la tarea civilizatoria de Vázquez no será fácil. Porque el FA y su galaxia sindical compañera siguen demasiado tentados por el otro camino que, se sabe, nada bueno trae consigo. Algunos ejemplos de estas semanas son ilustrativos en este sentido, y son graves porque involucran a las jóvenes promesas frenteamplistas cincuentonas, que son las que están llamadas a liderar su partido en los próximos años.

La senadora Moreira, con constante aprensión, volvió a mostrar su adhesión al populismo del continente en una conferencia en Buenos Aires. Varios dirigentes del mujiquismo, y del ala izquierdista-sindical, siguen defendiendo la tontería de un Fondes- Papa Noel. Lo que se supone son los mejores cuadros de gobierno, como Fernando Filgueira o Álvaro García, siguen razonando con el infantilismo de que todo lo ocurrido en los noventa estuvo mal y que la izquierda refundacional es moralmente superior. La renovadora Xavier, acompañada del renovador Sendic, respaldó al régimen autoritario de Maduro. Todo el FA, desde el propio Ejecutivo, plantea al Senado la venia para un Calloia cuya situación en la Justicia penal aún no está dirimida.

¿Logrará Vázquez dar una larga batalla civilizatoria victoriosa? Como Seregni, que se preocupó sustancialmente por el tema luego de 1996, empezó tarde. Adentro de la izquierda, el talante populista y la sensibilidad dogmática- adolescente está muy extendida, y por cierto, recibió además cientos de miles de votos. Seguramente, las previsibles restricciones económicas terminen por dar un baño de realismo y madurez a los diálogos en el comité de base, y eso ayude a extender el talante socialdemócrata.

Pero en el juego de equilibrios de la izquierda, importará Mujica: ¿ayudará a Vázquez en esta tarea? ¿O, con demagogia, jugará para su tribuna?

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