Francisco Faig
Francisco Faig

La caverna del Mercosur

La alegoría de la caverna de Platón es una buena imagen de lo que nos pasa con el Mercosur: confundimos las sombras con la realidad. Precisamos determinación y coraje para romper las cadenas.

Argentina y Paraguay no están de acuerdo con el planteo de Brasilia y Montevideo sobre acuerdos comerciales con terceros países a velocidades diferentes. Paraguay es muy dependiente geográficamente, como siempre, de la salida a través de los ríos que atraviesan Argentina. En todo caso, prefiere jugar sus cartas de facto, como recientemente, por ejemplo, al mejorar sus vínculos comerciales con Taiwán. Buenos Aires apuesta a un final de mandato de Bolsonaro anémico, y a un triunfo de Lula en 2022 que devuelva al Mercosur un criterio comercial más cerrado.

Desde la devaluación brasileña de 1999 que la unión regional perdió, irremediablemente, sentido de profundidad. En estos 22 años, varios países del continente lograron acuerdos de libre comercio con Estados Unidos (EEUU) y con otras potencias, y China pasó de ser un destino marginal a transformarse en el principal comprador de nuestros productos. Así las cosas, Montevideo ha sido claro: se acabaron los pases laterales de media cancha que dejan todo como está. Nuestro interés nacional precisa de una mayor apertura comercial.

Cuando en algunas semanas más se agote el tiempo diplomático y quede clarísimo que no habrá consenso, deberemos prepararnos para una encrucijada fundamental: el Uruexit, es decir, la posibilidad de que Uruguay salga del Mercosur. Como en la alegoría de Platón, serán numerosos (y sobre todo zurdos) los que gritarán que eso es imposible. Apelarán a la patria grande, a las dificultades de implementación, a las reprimendas argentinas y, sumo complejo de inferioridad, a que somos pequeñitos y que por tanto nadie querrá tratar con nosotros.

Nunca hubo patria grande: es un gran verso cautivazurdos, inventado en Buenos Aires, para favorecer los intereses porteños. Todo cambio trae dificultades, pero ellas no tornan imposible las cosas: allí está el ejemplo británico con respecto a Europa. Nuestra política exterior no puede depender del malhumor peronista de turno, que además nunca se transformará en cólera: Buenos Aires sabe bien que para Londres, por ejemplo, Montevideo es una pieza geopolítica clave.

Finalmente, es no entender nada de relaciones internacionales suponer que China, EEUU, España o el Reino Unido, por ejemplo, nos darán la espalda porque hayamos salido del Mercosur: seguimos siendo la puerta del sur del continente con los mejores puertos de la región; el balcón privilegiado que mira a Malvinas; la llave democrática y estable del Atlántico sur; y el país que, militarmente y visto desde Washington, no puede caer bajo influencia global del rival estratégico chino. Hay pues mucho margen de maniobra diplomática, siempre que estemos convencidos de lo que queremos.

Como narra Platón, el principal problema de quienes logran salir de la caverna y ven la luz es que, al volver para romper las demás cadenas, son desacreditados por quienes viven allí encerrados. En definitiva, se precisa mucho coraje político para guiar el proceso y mucha pedagogía para ayudar a vencer el miedo a la libertad. Aquí también, este será el sino del presidente Lacalle Pou.

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