Francisco Faig
Francisco Faig

Por los cargos y con Sendic

Me equivoqué con Sendic. Por un momento, pareció que la trama de sus horrores en Ancap y las señales de Vázquez lo harían caer. Pero era no contar con la resiliencia tupamara.

Me equivoqué con Sendic. Por un momento, pareció que la trama de sus horrores en Ancap y las señales de Vázquez lo harían caer. Pero era no contar con la resiliencia tupamara.

Todo el episodio ratifica una clara conclusión que no es nueva, ya que se inscribe en la esencia misma del proceso político de esta década, pero que resulta hoy indiscutible: Mujica y sus aliados son quienes realmente mandan en el Frente Amplio. Por estos días, renovó su liderazgo sectorial en el Movimiento de Participación Popular (MPP); mostró su ascendiente sobre la bancada frenteamplista; y sugirió qué decidirán las bases del Plenario en la crisis Sendic.

Visto de lejos parece difícil desentrañar quién es, concretamente, ese grupo de Mujica y sus aliados. Hace un tiempo, alguno les había apodado “los ocho de Momo”, por el sublema de 2014: MPP, Partido Comunista, lista 711 de Sendic, Liga Federal, Fidel, Vertiente Artiguista, Lista 5005 de Cánepa y CAP-L de Fernández Huidobro. Hoy, algunos de ellos no tienen tanto peso o no figuran tan alineados políticamente, como la 5005 o la Liga Federal, pero otros están más cerca ideológicamente, como una parte del Partido Socialista o los grupos afines a Constanza Moreira. En cualquier caso, allí seguro no asoma el Frente Líber Seregni de Astori y Nin.

Con inteligencia Vázquez ha procurado equilibrar la coalición, a pesar del mayor peso electoral de Mujica y sus aliados. Pero está claro que entrando ya en la segunda mitad de su administración, su peso político va disminuyendo: muestra de ello es que Sendic no renunciará, a pesar del eventual veredicto ético crítico del FA y del comentario presidencial al respecto. Lejos de aparecer un contrapeso nuevo, el mujiquismo tiene así a la coalición en su puño.

Por supuesto, todo esto tiene consecuencias de gobierno. Entre las más notorias, están la impunidad de Sendic, que todo indica será ratificada por el Plenario; la particular posición del Ejecutivo sobre la dictadura en Venezuela; los remilgos parlamentarios oficialistas que impedirán cualquier tratado de libre comercio, como el caso con Chile; la completa ineptitud de Puente en secundaria apoyada por el Codicen de Netto, sin que a nadie se le mueva el bigote; los impulsos penales de Muñiz, Coya y Sendic, que seguramente esconden otros, para amedrentar a la prensa libre y silenciar las críticas; y finalmente, el ya insinuado poder de veto de Mujica en la elección del precandidato presidencial (si es que él no es el candidato).

La evolución de las encuestas, las desoídas advertencias de Vázquez, los tremendos líos internos y la impunidad política de Sendic llevan a pensar que el FA se estrellará contra el muro electoral. Sobre todo porque, ahora sí, la sensibilidad socialdemócrata le daría la espalda y se terminaría esa solidaridad interna que termina beneficiando siempre a la izquierda mujiquista.

Sin embargo, ese razonamiento omite que en última instancia y más allá de los discursos para uso feliz del comité, a los sectores del FA ya no los unen sinceras convicciones izquierdistas. En verdad, son solidarios en los beneficios que todos ellos obtienen del ejercicio clientelista del poder. En definitiva, batallarán unidos por los cargos y con Sendic.

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