Francisco Faig
Francisco Faig

Buenas noticias

La campaña al balotaje muestra dos talantes muy distintos.

El del Frente Amplio (FA) titubea y no logra fijar una estrategia exitosa; el de la coalición multicolor avanza con paso meticuloso y seguro.

El FA ganó balotajes solo cuando dispuso de mayorías absolutas en el Parlamento. Por su forma de concebir al adversario -un enemigo moralmente inferior-, y de fijar los términos del enfrentamiento político -al enemigo no hay que cederle nada-, le es muy difícil concretar alianzas con otros partidos. Es un talante que no se cambia radicalmente en 15 días, por mucho manual de marketing político que la izquierda ahora divulgue. Y es lo que explica que a pesar de haber alcanzado el lugar de amplia mayoría relativa en octubre, arranque la campaña del balotaje sin ser favorito.

La dirigencia capitalina del FA calculó que mostrando a Orsi conquistaba el voto de fuera de Montevideo. Empero, cualquier dirigente del Interior sabe que para un vecino dolido exfrenteamplista, que votó a Cabildo Abierto en un barrio popular de Salto por ejemplo, no importa nada para votar a Martínez en el balotaje que Orsi sea canario. Luego, el inconsulto volantazo político de Martínez que implicó nombrar de apuro a Astori y a Mujica como futuros ministros tampoco fue una genialidad.

Con 79 y 84 años respectivamente, están lejos de encarnar una renovación; Mujica además, con agenda propia, enseguida relativizó su tarea y recordó la gran edad de Astori.

El talante de la coalición multicolor es bien distinto. Primero, porque mostró rapidez y eficiencia en fijar una hoja de ruta acordada para gobernar en conjunto. Y segundo, porque generó de esa forma una mayoría comprometida cuya representación, de ganar, será más numerosa que todas las que respaldaron a los tres gobiernos del FA, e incluso mayor que la del gobierno de Batlle.

A partir de esas señales tan potentes, rápidamente la campaña de la fórmula Lacalle Pou-Argimón dejó de ser la de un partido para transformarse en la de una coalición con mayorías y programa común para gobernar. Su amplia recorrida por todo el Interior también marcará una diferencia con Martínez, que solo acudirá a algunos departamentos y que ha quitado a Villar de los afiches publicitarios.

No hay encuesta publicada en estos días que no haya recogido estas radicales diferencias de talantes. Todas muestran el favoritismo del que llegó segundo en octubre, y la incapacidad de sumar amplias adhesiones del que llegó primero. Obviamente, la campaña tendrá un punto alto en el debate del próximo miércoles. Sin embargo, difícilmente cambien los mojones políticos estructurales de largo aliento, que delinean las estrategias de los dos candidatos, en estas dos semanas que faltan para la elección.

El resultado de octubre mostró claramente el fin de una era de gobiernos del FA con mayoría absoluta. Pero para afianzar la alternancia posible, faltaba verificar la capacidad, inteligencia y madurez de los partidos desafiantes. En estas dos semanas, ninguno se distrajo marcando matices en temas menores. Al contrario, todos señalaron con claridad el norte de un gobierno de coalición conjunto. Definitivamente, son buenas noticias para el país. El pueblo, votando, dirá la última palabra. 

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