Francisco Faig
Francisco Faig

El brete de Martínez

Si es tan evidente de llevar adelante, ¿por qué no se hizo en estos 14 años de gobierno?

Respuesta: tenga confianza, que con mi impronta le daré un dinamismo que no hubo antes, como ocurrió en estos años en la Intendencia de Montevideo.

Este diálogo, imaginario pero que refleja la realidad, es el que muestra el verdadero brete de Martínez, más allá de su no psicóloga- social como candidata a vicepresidente, de la incógnita de la reconversión del polo socialdemócrata frenteamplista, de tal o cual idea novedosa de su campaña, o del mayor peso de las generaciones de renovación notoriamente más volcadas a la izquierda que lo que fue el Frente Amplio ganador de Vázquez, Mujica y Astori entre 2004 y 2014.

El problema es que lo de la Intendencia no es verdad. La respuesta que da Martínez para tratar de evitar el brete es poco creíble, aunque no parece haber ningún alma caritativa en su entorno que se lo señale. Es que más allá de lo que cada uno pueda opinar sobre cómo está Montevideo, los resultados de la interna de junio son inapelables: de los casi 109.000 votos que obtuvo Martínez en total, solo 45.000 fueron de Montevideo. Dicho de otro modo: del más del millón de personas habilitadas para votar en la capital, menos del 5% decidió apoyar a quien fue su último Intendente elegido en 2015. Un fiasco total. La gente, eludiendo votar a Martínez, expresó así claramente que no se cree el verso ese de su dinamismo de gestión.

El brete aparece pues cada vez que el candidato del FA pretende formular alguna solución a los problemas graves del país. Que Leal, jerarca notorio del ministerio del Interior, es la figura para frenar la inseguridad: pero entonces, ¿cómo puede ser que la evolución de hurtos, rapiñas y homicidios estén cada vez peor, con los peores datos de todos en 2018? Que una nueva gestión moderna bajará costos para mejorar la competitividad: pero entonces, ¿cómo es posible que hoy UTE y Ancap ganen muchos millones de dólares, mientras que se siguen fundiendo las empresas del entramado productivo nacional? Que la solución es construir 200 liceos para mejorar la educación pública: pero entonces, ¿por qué no los construyeron en estos años en los que, oh casualidad, incluso la señora de Martínez era autoridad de la educación nacional?

Los resultados de las encuestas no son antojadizos. Los izquierdistas convencidos, cuyo número total seguramente está en algún rango entre el piso electoral del FA de 1994 (30%) y el techo de 1999 (40%), con gusto le ceban mate a Martínez en el brete. Pero las amplias mayorías de uruguayos que le dieron los grandes triunfos al FA, y sobre todo esas clases medias del Interior que fueron las últimas en subirse al tren de la izquierda en el poder pero que parecen ser también ahora las primeras en bajarse, se dan cuenta de que no conviene apoyar a un candidato que no solo está tan embretado, sino que además suena tan poco convincente en su pretensión de novedad, esa que lo distinguiría de estos 14 años del FA gobernante.

El brete de Martínez no parece implicar que el FA se desmorone hasta recibir apoyos incluso menores a los de 1994. Sin embargo, seguramente termine explicando mucho del esperable repliegue del Frente Amplio en las elecciones del próximo octubre.

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