Francisco Faig
Francisco Faig

¿Bajarán la pelota?

Todo el mundo que-dó orgulloso de la foto en Argentina de Vázquez y Lacalle Pou con Fernández: es el símbolo del cierre civilizado del período del Frente Amplio (FA) en el poder y de la apertura del nuevo tiempo de la coalición multipartidaria de gobierno.

¿Podrá extenderse ese talante que fija razonables límites a los futuros disensos políticos, y que baja así una pelota que hoy está lejos de aparecer como apretada contra el piso? El gobierno multipartidario de Lacalle Pou aplicará medidas que forman parte de su compromiso electoral y que evidentemente querrá llevar adelante con decisión. Muchas de ellas estarán en la ley de urgente consideración ya anunciada. Otras vendrán con otras leyes, otras con decisiones por decreto y administrativas, y otras con el presupuesto quinquenal.

No hay por tanto nada nuevo bajo el sol: llega un nuevo gobierno votado por el pueblo y aplica su programa legitimado en las urnas. El problema es que el Uruguay, que tanto gusta de gestualidades que invoquen unanimidades, tiene que admitirse a sí mismo, francamente, que aquí hay dos formas muy distintas de concebir su futuro.

Las diferencias entre la coalición de izquierdas, que perdió claramente las elecciones, y la coalición multipartidaria, que las ganó bien y cuenta con mayorías amplias para conducir al país, son reales y concretas: en la inserción internacional, en las medidas para mejorar la educación pública, en cómo enfrentar el delito, en el papel del Estado- empresario, en cómo promover la expansión exportadora sustentada en la agropecuaria, en qué papel dar y cómo tratar a los militares, en cómo enfrentar a los poderosos lobbies en el área de la salud, y en tantos otros numerosos campos que van, por ejemplo, desde la inversión en mejorar la calidad del agua potable hasta terminar con la amenaza de la ocupación de los lugares de trabajo, pasando por señales de austeridad republicana en la gestión pública o por el fin de la inclusión financiera obligatoria.

La disyuntiva en la que se debatirá el FA en los próximos meses es la siguiente: o acepta un papel opositor democrático que no reniega de la crítica pero que en última instancia acepta que el gobierno de coalición multicolor es mayoritario y lógicamente debe llevar adelante su programa de acción; o se dispone a poner todos los palos posibles en la rueda del gobierno, apelando incluso a movilizaciones en las calles que, como ya adelantara el electo senador comunista Andrade, puedan llegar a tomar un cariz a la chilena.

Bajar la pelota al piso, en la realidad política que alumbró en este 2019, implica aceptar que habrá una mayoría no frenteamplista gobernando, a la cual se podrá plantar cara y criticar duramente dentro del juego institucional que toda democracia prevé. Pero tiene que quedar también muy claro que cualquier iniciativa del FA que pretenda que el gobierno de Lacalle Pou no implemente su programa, más que bajar la pelota implicará, en verdad, pudrir el partido.

Infelizmente, lo de Váz-quez en Argentina no será el ejemplo a seguir por este FA de rotunda mayoría de izquierda radical. Por mucho que pueda desearse que su gestualidad cundiera, nada permite pensar que los Andrade, Olesker o Cosse la imitarán. Creerlo sería pura y fatal ingenuidad.

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