Francisco Faig
Francisco Faig

El árbol y el bosque

Nadie pareció dar importancia a lo que Mujica refirió con claridad. En un acto de hace unas semanas, hablando a su gente, les dijo que se sirvieran de las promesas de candidatos rivales al Frente Amplio (FA), pero que luego mantuvieran su adhesión izquierdista.

Los análisis electorales llaman la atención sobre todo a quienes de por sí muestran mayor interés por los temas políticos. Es así que tienen protagonismo las visiones que destacan los conceptos en los discursos de los actores, sus posicionamientos identitarios en un eje de valores izquierda-derecha, o los perfiles de los candidatos que captan ciertos electorados particulares. Además, quienes presentan una mayor propensión a votar en estas internas son gente más politizada que el resto, por lo que se cierra un círculo de atención que mira estos asuntos electorales con ojos todos muy similares.

Si, con la ayuda del comentario de Mujica, se analiza el escenario desde una mirada más social que ideológica, se verá que los detalles de los protagonismos de tal o cual candidato pierden interés frente a dimensiones más relevantes que pueden estar marcando, discreta pero hondamente, los resultados de octubre-noviembre.

Por primera vez el líder popular que logró que el FA fuera votado masivamente allí donde en 1971, 1984, 1989 y 1994 la izquierda no había sido ni siquiera tenida en cuenta, sintió la necesidad de advertir que ha ganado presencia una opción diferente y rival, y se preocupó incluso de explicar cómo neutralizarla electoralmente. Además, en estas semanas se conocieron estudios de opinión que señalaron que algunos sectores del Partido Nacional, en particular la campaña por el tema de la inseguridad de Larrañaga y sobre todo la extendida campaña de Sartori, estaban captando numerosas adhesiones en el mundo popular y urbano.

Cualquiera que entienda algo de sociología electoral se da cuenta de lo que está en juego: si efectivamente el FA está perdiendo apoyo entre los votantes del mundo popular metropolitano; y si además, del otro lado de la bipolaridad tácita en la que está configurado el sistema político nacional, hay actores que están siendo capaces de captar ese descontento popular (que bien percibe el olfato de Mujica), entonces el FA corre enorme riesgo de perder la elección presidencial.

Los partidos desafiantes deben prestar atención a este bosque y dejar de mirar tal o cual árbol torcido. Toda elección interna es una competencia y como tal naturalmente tiene disputas y rivalidades de protagonismos personales. Pero los dirigentes en serio, los que realmente trabajan por una alternancia política en el poder, deben valorar al bosque y satisfacerse de que, hoy, se esté vislumbrando allí un genuino crecimiento electoral.

Los candidatos integran partidos. Los partidos no son grupos de amigos. Procuran alcanzar el poder. Precisan muchos votos. Los votos están en el bosque electoral. En ese bosque hay sapos y culebras. Y, muchachos, bienvenidos a la realidad de la política: para ganar, hay que abrazarse, sonrientes, a lo que pueda parecerles, quizá, alguna alimaña.

Al que no le guste, que contemple calladamente su propio árbol. Pero que, por favor, no incendie el bosque con ombliguistas discordias.

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