Francisco Faig
Francisco Faig

Ancap define a los uruguayos

Las informaciones que van surgiendo de la comisión investigadora del Senado sobre Ancap dicen mucho sobre nosotros.

Las informaciones que van surgiendo de la comisión investigadora del Senado sobre Ancap dicen mucho sobre nosotros.

En estos años el principal ente del Estado tomó decisiones que para cualquier empresa sin monopolio ni apoyo político hubieran implicado fundirse sin remedio. Piénsese por ejemplo en su división Portland: previó en 2007 invertir 118 millones de dólares, pero el monto total terminará siendo de cerca de 500 millones, para un giro de negocio que está perdiendo desde 2013 cerca de 30 millones por año, y se estima que seguirá perdiendo mucho. Con la planta de cal en Treinta y Tres o con la desulfurizadora de La Teja fue parecido: se previó invertir una cifra y se terminó en un monto cuatro veces mayor. Además, con una producción de cal de mala calidad.

Ancap dice mucho sobre la forma de hacer política de la izquierda. Porque el Frente Amplio en el gobierno permitió que todo esto ocurriera. Es más: el vicepresidente de la República hizo su carrera enancado en la visibilidad de estos años de Ancap, con su publicidad institucional y su cuento de inversiones productivas. No fue nada secreto. Incluso su lista frenteamplista copió en la interna de 2014 el eslogan publicitario del ente público. Todo lo que, con razón, criticó la izquierda sobre pasadas carreras políticas de dirigentes de partidos tradicionales financiadas por entes públicos, se verificó en el caso de Sendic. La diferencia es que como esta vez el favorecido fue un frenteamplista, nadie dijo nada.

Ancap dice mucho también de la tarea de los partidos opositores que desde 2010 ocuparon lugares en su directorio. ¿Cómo es posible que recién ahora se denuncie la magnitud del descalabro de su gestión de estos años? ¿Por qué insistir desde la oposición con querer ocupar cargos en los entes del Estado, si cuando tiene representantes, la opinión pública termina enterándose de una pésima gestión como ésta, mucho tiempo después y porque se formó una investigadora en el Senado? ¿Cómo es posible que esta pésima gestión se llevara adelante mientras había representantes de la oposición que decían estar allí para controlar? ¿Acaso estuvieron de acuerdo con todo esto? Y si no fue así, ¿cómo puede ser que no hayan sido enérgicos en la denuncia de semejantes manejos?

Finalmente, Ancap dice mucho de la sociedad uruguaya. Porque por causa del verso ideológico con el que comulga religiosamente la inmensa mayoría, que dice que las empresas públicas forman parte de nuestra soberanía, que son orgullosamente nuestras, y que son palancas para el crecimiento, aceptamos que por la rendija del clientelismo más grosero y la ineptitud más pavorosa se nos escape la competitividad del país y las posibilidades ciertas de desarrollo.

En vez de tener una nafta barata, el mayoritario uruguayo medio, urbano, clientelista y relativamente acomodado, paga sin chistar la más cara de la región. Además, le cae mal que el país productivo, que hizo plata a paladas en estos años, se queje ahora del precio del combustible. Desde su ideología de estatismo primitivo, no logra vincular la ineptitud de estas políticas con una inflación más alta y con la caída de la competitividad nacional. Es más: desde su soberano desdén provinciano, todo esto en verdad le importa un pito, porque como podría declarar Mujica, “la mayoría no tiene auto”. Desprevenido, asume tontamente que Ancap es de él.

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