Francisco Faig
Francisco Faig

Amigos, enemigos

Al amigo, todo; al enemigo, ni justicia. La frase de Juan Perón es, desde hace mucho tiempo, el norte político de una amplísima parte de la izquierda.

¿Qué duda cabe que lo que hubo en estos casi quince años de gobiernos frenteamplistas fue un fenomenal desarrollo del clientelismo? En un Estado al que hicieron abrir sus puertas en grande, se acomodaron de una u otra forma todos aquellos dirigentes más o menos comprometidos con la izquierda; y se beneficiaron con prebendas, jubilaciones facilitadas, contratos generosos y licitaciones apuradas, miles de sus compañeros de ruta.

Para los ingenuos que aún descrean de ese clientelismo, alcanza con que consulten algunos datos que están a la luz del día: los estudios de la Auditoría Interna de la Nación y los dictámenes del Tribunal de Cuentas; la sumatoria de ingresos al Estado por la ventana, hasta con concursos truchos reconocidos por el propio Mujica, que terminaron con 70.000 funcionarios más que al inicio de la era frenteamplista; y, por supuesto, las recurrentes noticias de malas gestiones que, casi siempre, terminaron enriqueciendo a algún compañero del comité de base.

Al amigo, todo. No importa nada si la Justicia los condena por las fechorías de Pluna y su caballero de la derecha. Habrá caravana de apoyo, o abrazos solidarios como a Placeres, el íntimo de Mujica, al despedirlo del Parlamento, aun cuando todo el mundo sabía del desfalco al BPS y, en general, del despilfarro del Fondes creado para favorecer a sindicalistas y dirigentes amigos. Tampoco importa nada si se nota mucho la utilización del Estado en favor de la campaña oficialista: nadie de izquierda se quejó en 2014 porque Sendic usara el mismo eslogan de campaña para su Lista 711 que el de Ancap; ni nadie se queja, ahora, porque Cosse haya forjado su precandidatura sobre un Antel Arena de gasto institucionalmente reprobado, enormemente sobrepasado, y de detalles secretos.

Al enemigo, ni justicia. Como en el caso del periodista Álvaro Alfonso, denunciado e injustamente atacado en 2008 por escribir verdades sobre el Partido Comunista. Y si la ley injusta no logra aprobarse, como en el caso del disparatado proyecto de financiamiento de partidos políticos que pretendía institucionalizar el favoritismo hacia el partido de gobierno, siempre hay politólogos y comentaristas amigos que, sin rubor alguno, defenderán la posición oficialista.

Hoy, que es evidente la utilización del Estado en favor de la campaña del Frente Amplio con el aviso sobre la evolución del Gini; o ayer, que dos periodistas dejaron en claro el financiamiento turbio por privados de la Lista 711, o que se supo de la enorme cantidad de grandísimas donaciones anónimas en favor del movimiento de Mujica: ¿alguien vio que desde la Católica la majada de politólogos compañeros de ruta del Frente Amplio escribiera alguna investigación crítica contra el oficialismo? Desde la Facultad de ciencias sociales, esa en la que decenas de indigentes ocupan (y cagan) sus salones, ¿algún especialista en financiación de partidos levantó siquiera su meñique izquierdo para sugerir alguna irregularidad?

Por supuesto que no. Y no lo harán, porque alineados y diligentes, lo esperan todo de su amigo, el Frente Amplio.

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