Fernando Mattos
Fernando Mattos

La voz del pueblo

El próximo 23 de enero no será una fecha más, se celebra un año de una de las mayores manifestaciones populares de que se tenga memoria en Uruguay.

Nacida espontáneamente, por gente vinculada al sector agropecuario, trabajadores que reaccionaron ante las consecuencias de un prolongado proceso de descapitalización y endeudamiento, generador de gran desazón. Los altos costos, impuestos, tarifas y el retraso cambiario comprometieron la rentabilidad ante la marcada baja de los precios internacionales de nuestros productos.

Los inicialmente denominados “auto convocados”, surgieron como reacción a la situación general, con la negativa detonante del presidente Vázquez a recibir a las gremiales agropecuarias, por motivos de agenda, ante la gravedad de la situación del sector y la nula sensibilidad oficial. En aquel mes de enero, con una sequía apretando al campo y como curioso contraste, en plena temporada turística récord en visitantes extranjeros, se gestó una convocatoria sin precedentes que reunió a decenas de miles de preocupados uruguayos, en Santa Bernardina.

#Un Solo Uruguay se ha presentado como un actor distinto en la representación empresarial o gremial, con fuerte arraigo en el interior y una forma de comunicación directa con gran respaldo popular, marcando distancia con cualquier actor político.

En su primer año de actividad, pocos de los ambiciosos objetivos proclamados han tenido avances. No obstante, la gran virtud de este movimiento social, ha sido colocar arriba de la mesa de discusión los grandes temas que necesita resolver el país, y que hasta ahora la clase política no se ha animado a encarar con profundidad, por el costo político que ello implica.

Debatir seriamente las reformas del Estado, de la educación y la seguridad social, la aplicación de una regla fiscal, la definición de Políticas de Estado en cuanto a la inserción internacional, mejorar el funcionamiento de la justicia, priorizar la seguridad pública, las autonomías departamentales, la descentralización, el combate a la pobreza, el fomento al empleo, el estímulo a las inversiones, la desburocratización, entre otros, abandonando la práctica usual de lo “políticamente correcto”, deberían ser prioridad a la hora de proyectar un país más justo y próspero.

Al decir de Winston Churchill: “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.”

Estos deberían ser los compromisos prioritarios de nuestros líderes y partidos políticos, en libertad, plena vigencia de los principios democráticos, procurando tornar al Uruguay un país viable, moderno, mirando al futuro con esperanza y optimismo, contribuyendo así a una gran discusión nacional de fundamental interés, comprometiendo a la sociedad a dar el necesario debate en las campañas electorales que se avecinan. Sería una enorme contribución, después de demasiado tiempo en la que las mayorías ensoberbecidas, embriagadas de poder y escaso espíritu republicano, frente a una oposición amilanada e inoperante, establecieron un paupérrimo nivel de discusión de los grandes temas nacionales que hacen a nuestro porvenir.

Mientras el mundo avanza, Uruguay ve pasar el futuro sin saber resolverlo, o peor, sin dar suficiente debate.

Esta realidad se puede cambiar, depende de nosotros, el pueblo.

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