Fernando Mattos
Fernando Mattos

¡Une y reinarás!

Luego de las elecciones generales del 27 de octubre pasado, tenemos un nuevo parlamento electo, con presencia de más partidos representados.

En relación a 2014, han perdido respaldo popular los tres partidos tradicionales, especialmente el Frente Amplio que redujo su votación en casi 190 mil votantes, perdiendo 10 bancas en diputados, 2 en senadores. Los partidos fundacionales mantienen el número de parlamentarios en ambas cámaras.

La gran novedad de estas elecciones es la irrupción de un nuevo partido, Cabildo Abierto, liderado por el General Manini que logra formar una bancada de 13 legisladores en apenas 6 meses de campaña. El escenario político ha cambiado significativamente luego de las elecciones, determinándose, luego de 20 años, que la fórmula que alcance el poder no contará con mayorías propias y deberá negociar con otros partidos para asegurar la gobernabilidad.

Tras 15 años en el poder, contando con mayorías absolutas, el Frente Amplio llevó adelante sus planes de gobierno de acuerdo a su programa, a las negociaciones entre sectores de esa coalición, debatiéndose mucho más a la interna de su intrincada orgánica que en el propio Parlamento. Así es que las leyes más importantes tratadas, en estas tres legislaturas, llevaban meses de negociación en los órganos deliberativos frentistas hasta alcanzar acuerdos, algunos dolorosos y descarnados. Después se pasaba por el “trámite” de escuchar a los actores sociales, luego el debate parlamentario, normalmente sin modificaciones importantes por el peso de la bancada oficialista, a veces aplicando la “disciplina partidaria” al votar.

No fueron pocas las oportunidades en que ese abusivo ejercicio de la mayoría dejó sin considerar la opinión de la otra mitad de la población representada en el legislativo, ignorándola absolutamente.

Esta soberbia propició defender conductas reñidas con las buenas prácticas republicanas. Son las que justificaron la gestión en Asse, en Ancap y a Sendic, o los tristes episodios involucrando a Pluna, los que no avanzaron en la investigación de los turbios negocios con Venezuela, o justificaron ruinosos proyectos como la regasificadora, Aratirí, Fondes, el puerto de aguas profundas o Alur. También fueron estas mayorías que permitieron que las autoridades económicas nunca cumplieran las metas de inflación y déficit fiscal plasmadas en la ley de presupuesto. O se abroquelaran en defensa de los ministros cuando ocurrían interpelaciones, sin que ellas sirvieran mínimamente para realizar correcciones de rumbo o simples autocríticas de gestión.

Hablando de interpelaciones, el hombre récord es el Ministro del Interior, respaldado por la terquedad del Presidente, reafirmada a cada pedido de remoción, mientras crecía la ola de inseguridad haciendo subir la voz del descontento.

Definiremos en breve quién gobernará al Uruguay. Deberemos elegir entre dos opciones, una de ellas nos pide el voto con voz amigable y condescendiente, pero es la misma que desde la arrogancia ha gobernado dividiendo a los uruguayos: patrones contra empleados, oligarquía y pueblo, o nos han etiquetado de cajetillas, terratenientes, rosaditos, neoliberales, fachos, socialmente insensibles o de derecha por el simple hecho de discrepar.

¡Basta de divisiones!

Apostemos al gobierno y al proyecto de país que nos une.

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