Fernando Mattos
Fernando Mattos

Sanidad Animal

El Uruguay es un país productor de alimentos con vocación exportadora, un mercado interno acotado, si bien estratégicamente importante.

Este histórico contacto con los mercados, obliga a aplicar las mejores medidas sanitarias, partiendo del principio de que nuestra producción se destacará más por calidad que por volumen. Si bien otros aspectos vienen tomando relevancia en el comercio, como temas éticos, laborales, ambientales, o el bienestar animal; sigue siendo prioritaria la sanidad a efectos de evitar la transmisión de enfermedades, asegurando la inocuidad alimentaria.

El país ha adoptado las normas de la OIE, Oficina Internacional de Epizootias, referente internacional para la sanidad animal, siendo que nuestro servicio sanitario oficial goza de gran prestigio internacional, debido a que aplicamos una verdadera Política de Estado.

No existen posibilidades de ampliar mercados, sin una sólida sanidad, respaldada por un eficiente servicio oficial, y un sector privado comprometido. Se lo deberá dotar de los necesarios recursos financieros y humanos para el cumplimiento cabal de la misión.

Todos recordamos los efectos de la aftosa en 2001, trágico prólogo de la gran crisis financiera, económica y social que vivió el país. En esa época, habíamos accedido al estatus de libre sin vacunación, posibilitando exportar a una serie de mercados de alta exigencia y mayor valor.

Argentina, en una decisión política tomada por Carlos Menem, deja de vacunar, contrariando las recomendaciones de sus propios técnicos. En 2000 se introduce la aftosa en la región, encontrando campo fértil en Uruguay. Cerraron los mercados, estuvimos 6 meses sin poder exportar y hubo pérdidas multimillonarias en toda la economía.

Hoy nos encontramos en una situación distinta. Recuperamos buena parte de los mercados, algunos luego de 19 años como el de Japón. La trazabilidad obligatoria ha jugado un importante rol como herramienta sanitaria que ofrece seguridad, certificando movimientos y procesos.

No obstante, se sigue discutiendo la conveniencia o no de vacunar al ganado para la aftosa. Recientemente, el estado de Paraná, en Brasil, ha dejado de vacunar, sumándose a Santa Catarina que no inocula hace 14 años. Ambos estados cuentan con fuertes producciones de cerdos y han motivado el cambio de status para acceder al mercado japonés de alto valor. Rio Grande do Sul, nuestro vecino, está discutiendo los pasos a realizar, pues ahí las producciones bovina y ovina prevalecen y no se identifica un real beneficio en dejar la vacuna, al hacer un balance, evaluando riesgos.

Si bien hemos mejorado notoriamente la situación sanitaria en la región, lo cierto es que el Plan Hemisférico de Erradicación de Fiebre Aftosa proyectaba la erradicación de la enfermedad para 2020, encontrándose aún zonas endémicas que no se han podido eliminar por la idiosincrasia, geografía, vectores y por complejas circunstancias en países con serias crisis políticas e institucionales.

La nueva administración deberá tomar definiciones en este sentido, consultando a todos los sectores, debiendo evaluarse riesgos y conveniencias de avanzar o no rumbo a una erradicación, teniendo en cuenta las decisiones de los vecinos.

Colaboraremos para fortalecer nuestra sanidad y la continuidad de las políticas, más allá de los gobiernos.

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