Fernando Mattos
Fernando Mattos

Presidente antimecanismo

Para muchos desinformados fue sorpresa la magnitud del triunfo de Jair Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales ocurridas en Brasil, el pasado domingo.

Capitán retirado del ejército, político sin la estructura de un partido de alcance nacional, sin minutos en la propaganda gratuita, ni fondos partidarios, ha llevado adelante una campaña que lo deja a un paso de ser el próximo Presidente de Brasil, con un respaldo popular pocas veces visto y el voto de casi 50 millones de ciudadanos.

A pesar de tener buena parte de la prensa en contra, con la influyente multimedios Red Globo a la cabeza, acusada de haber recibido gigantescos fondos públicos en publicidad oficial sin resolver su compleja situación económica, Bolsonaro se transformó en un verdadero fenómeno electoral.

Muchas mentiras se han dicho sobre su persona, en un vano intento de descalificarlo e impedir su ascenso de popularidad. Entre tantas falsedades, con frecuencia se reitera que fue expulsado del Ejército brasileño, cuando en realidad fue sobreseído en última instancia en la justicia militar, al ser juzgado por encabezar un movimiento de reivindicación de mejoras salariales para sus subalternos.

Este fue el inicio de la carrera política de Bolsonaro, quien decide su pase a retiro, se presenta y es electo como concejal de la ciudad de Río de Janeiro impulsado por un fuerte apoyo ciudadano.

Luego, es elegido sucesivamente como diputado federal por Río, finalizando actualmente su séptima legislatura en la cámara baja con sede en Brasilia. Dos de sus hijos, han sido electos para nuevos mandatos en los distritos electorales más importantes, Río y San Pablo, uno como senador y otro como diputado federal más votado de la historia de Brasil. Por esto es que sorprende que muchos medios de comunicación intenten catalogarlo de antisistema, cuando surge de las reglas de la democracia republicana, electo por el soberano, impulsado por el voto popular, habiendo cumplido casi ocho períodos como legislador. Su principal característica es que durante todo ese tiempo, mientras buena parte de sus colegas se beneficiaban económicamente del mayor esquema de compra de apoyos ideado por el PT, con Lula a la cabeza, al cuestionado Bolsonaro nada ilícito se le ha podido comprobar.

La expresión popular que irremediablemente lo ungirá como Presidente de Brasil se basa en el hartazgo del ciudadano de a pie, hoy desamparado por el Estado, en contra de toda la trama corrupta, del relato mentiroso de la izquierda, de la hipocresía de los gobernantes que en nombre de compartibles políticas de beneficio social saquearon Brasil. Es bueno que las autoridades uruguayas tomen nota y moderen sus reacciones destempladas en relación a Bolsonaro, dadas a conocer luego del domingo. Será el futuro presidente de Brasil, sin los compromisos que tenían sus antecesores, quebrando el círculo vicioso que han generado las alianzas políticas, las compras de voto y el mecanismo de corrupción que ha sumido a Brasil en la mayor crisis económica, social e institucional de la historia.

Tal vez no sea Jair Bolsonaro el mejor perfil para presidir a Brasil en tiempos normales pero, contradictoriamente, lo terminará eligiendo el propio PT, sus aliados, su gobierno plagado de errores. El país que dejaron.

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