Fernando Mattos
Fernando Mattos

Libertad comercial

La exportación de ganado en pie ha generado bastante polémica, especialmente por el fuerte ritmo de salida de vacunos jóvenes. Este comercio se viene incrementando a nivel mundial, generando efectos que sería bueno profundizar.

Difícil imaginar que Uruguay pudiera exportar cientos de miles de bovinos durante varios años consecutivos, llegando a vender en pie 30% de la generación de machos. Estas fuertes ventas han determinado que el actual stock de novillos, materia prima básica de la producción de carne, sea el de menor dimensión desde que se llevan registros. La escasa disponibilidad para faena y la fuerte demanda de carne vienen elevando los precios del ganado, colocando en una encrucijada a la industria frigorífica, fuertemente afectada por la falta de competitividad del Uruguay, especialmente por operar con costos industriales mucho más elevados en relación a sus competidores.

Por el lado de la producción, se ha defendido fuertemente la libre exportación de ganado en pie porque quiebra la perversa lógica del mercado cautivo. A mayor producción de terneros, menor su valor, desestimulando la inversión, la aplicación tecnológica, el uso de buena genética, la búsqueda de un mejor producto. El productor criador, primer eslabón de la cadena, recibía el precio residual desde los demás segmentos que le trasladaban tanto costos como ineficiencias. A pesar de ciertos vaticinios apocalípticos, la producción responde a las señales, acorta los ciclos de engorde, mejora el procreo, la recría, habiendo puesto a disposición de la industria volúmenes de ganado que han permitido sostener la faena.

Por otra parte, rige la libre importación de carne vacuna desosada y madurada para el abasto adquiriéndose 15 mil toneladas en 2018, principalmente de Brasil y Paraguay.

La libertad comercial plena en materia ganadera debería completarse implementando la importación de ganado en pie. En ese sentido, la industria frigorífica elevó su planteo al Poder Ejecutivo; principio que compartimos pues el libre comercio debe prevalecer en su mayor amplitud.

No obstante, tenemos que considerar los factores de riesgo y las implicancias que esa operativa pueda aparejar. Desde el punto de vista práctico, podríamos importar desde países o regiones que tengan status sanitario equivalente o superior al nuestro. Para faena directa tenemos restricciones para exportar, pues los certificados sanitarios firmados con los países compradores exi-gen que los ganados sean nacidos, criados y faenados en Uruguay. O sea, solamente podríamos faenar para el mercado doméstico.

Si el ganado importado viene para el campo deberán extremarse las exigencias, asegurando la no introducción de enfermedades exóticas y vigilando enfermedades bajo campaña sanitaria, algunas de ellas con riesgo de transmisión al hombre. Como mínimo, deberán cumplirse las reglas impuestas a los ganados y productores uruguayos. A la autoridad sanitaria le corresponde asumir la responsabilidad que le compete, respetando los acuerdos del Mercosur pero extremando las medidas de prevención del status sanitario nacional, patrimonio de todos los uruguayos.

La historia de la última crisis de sanidad animal, preámbulo de la debacle económica más profunda que se tenga memoria, debe servir como guía y recuerdo vivo evitando repetir errores del pasado.

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