Fernando Mattos
Fernando Mattos

Hipocresía ambiental

El mundo manifiesta su preocupación por los incendios que afectan la región amazónica, amenazando uno de los mayores reservorios de biodiversidad del planeta.

Si bien es habitual la ocurrencia de incendios, “queimadas” y que este año ha sido seco, se registran más focos, invariablemente asociados con acciones humanas. El desmonte ilegal es la principal causa pero debemos contextualizar adecuadamente lo que ocurre.

La Amazonia legal brasileña es una región geográfica inmensa que abarca 9 Estados, ocupa 520 millones de hectáreas, 30 veces el territorio uruguayo. Comprende dos biomas, el denominado Amazonia y parte del Cerrado. Los propietarios de tierras están sometidos a una rigurosa legislación ambiental, de las más exigentes del mundo, determinando el porcentaje de áreas de preservación del 80% en alta floresta, hasta 35% en el Cerrado.

Más allá de los productores establecidos, intervienen otros actores con fuertes intereses económicos, como los ocupantes ilegales (grileiros) que invaden áreas potencialmente productivas, tanto privadas como terrenos fiscales o Parques Nacionales. Está la población indígena con sus reservas territoriales, los explotadores de riquezas minerales (garimpeiros) y los traficantes madereros. Luego del desmonte, viene la quema de la vegetación dando lugar a la implantación de pasturas. Anualmente, el forraje se seca en el periodo julio a setiembre, cuando escasean las lluvias, siendo habitual prender fuego a la vegetación, malezas y rebrote del monte para dar lugar a la pastura renovada.

Detrás de esta ola de fuego, está la acción del hombre y la falta de respuesta del estado brasileño que no ha fiscalizado suficientemente la deforestación y los incendios ilegales que afectan a estos importantes biomas.

Parece muy aventurado responsabilizar a un gobierno que no ha completado 8 meses de gestión. No es la primera vez que arde la selva, tampoco es el momento de mayor deforestación. Querer asociar estos incendios con el discurso poco amigable de Bolsonaro con el ambiente, intentando crear una imagen de Nerón tropical, raya en lo ridículo. Tengamos en cuenta que la Chiquitanía boliviana también arde, en territorio del eterno Evo.

Las pesadas herencias recibidas, como corrupción institucionalizada, recesión con 13 millones de desempleados, 8% de déficit fiscal -el doble de Uruguay-, generaron un recorte de recursos públicos a efectos de nivelar la economía saqueada. Entre varios sectores afectados, están los destinados a la preservación de la Amazonia, en un error político que deberá corregirse.

Pero la mayor amenaza se viene dibujando a nivel internacional, donde poderosos intereses pretenden explotar estos temas ambientales de gran sensibilidad. Se verá afectado Brasil como también todos aquellos que producimos en la tierra. La posición de Macron es clara, en tiempos de pérdida de popularidad y fuertes cuestionamientos del lobby agrícola francés a la firma del acuerdo Unión Europea-Mercosur. Amenaza retirarse del tratado, usando como excusa el sistema productivo brasileño y la falta de compromiso del gobierno Bolsonaro con la preservación de los recursos naturales.

Generar conciencia ambiental, encontrando los equilibrios entre producir sustentablemente y preservar, es fundamental, basados en la cooperación y en la ciencia. Proponer que la Amazonia sea área de control internacional, sin respetar la soberanía de las naciones, suena a neocolonialismo.

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