Fernando Mattos
Fernando Mattos

Un gran acuerdo

Tras 20 años de negociaciones, se llegó a un acuerdo de asociación estratégica entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur.

Es mucho más que un pacto comercial, en el que se establecen ventajas en materia arancelaria, mejorando el acceso de un significativo número de bienes y servicios.

Es un acuerdo de calidad, el más importante alcanzado por el Mercosur. La UE es un ejemplo exitoso de integración, solidez institucional, representando buena parte del comercio, de la inversión y del PIB mundial. Nos asociamos a un actor relevante del que mucho tenemos para aprender, obligando al Mercosur a tomar acciones corrigiendo su pobre funcionamiento en materia económica, laboral y ambiental. Hasta ahora hemos sido inoperantes y deberemos aprovechar esta oportunidad, tomando el ejemplo y llevando adelante un real proceso integrador.

Tenemos un largo trabajo para mejorar nuestras políticas económicas, tributarias, monetarias, tarifarias, de inversión, las que adolecen de absoluta descoordinación. Hemos priorizado los temas internos sin la adopción de una visión de bloque. Así es que tenemos tamaño desfasaje de precios de bienes y servicios en cada frontera del Mercosur, verdadero fracaso del funcionamiento de una unión aduanera, propuesta hace ya 28 años.

Más que un tratado de libre comercio con la Unión Europea, se establece un vínculo político, cultural y económico que será importante para impulsar el desarrollo de nuestros países, atrayendo inversiones. Las economías regionales se verán beneficiadas por las reducciones arancelarias, especialmente en los sectores agroindustriales. Estos rubros han estado férreamente protegidos por Europa, distorsionando al comercio agrícola mundial y perjudicando especialmente a países agroexportadores.

Si bien la UE sigue considerando a estos sectores como sensibles, este acuerdo incrementa los contingentes (cuotas) que tendrán acceso preferencial.

Lo que está claro es que el dilatado plazo que tomaron las negociaciones, tiene mucho que ver con los procesos políticos y la tónica de los gobiernos en el Mercosur. No hubiera sido posible concluir este acuerdo con integrantes del bloque en default, viviendo fuera del sistema, o confiscando empresas europeas con alto nivel de inversión como fue el caso de Repsol, en Argentina. Mucho menos si seguíamos teniendo como miembro pleno a la dictadura de Maduro, o si no se condenaban los casos de corrupción estatal institucionalizada, vía obra pública, como reveló la operación “Lava-jato”, en Brasil.

Los recientes cambios políticos en el Mercosur han sido en el buen sentido y propiciaron el primer acuerdo de calidad. Esto debe abrir el camino para fortalecer la integración, encarando nuevos tratados, bajo los principios de la libertad, plena vigencia democrática y el respeto a los contratos.

En Uruguay, podríamos tener hoy ventajosos acuerdos con Estados Unidos y Europa, de no haber primado la visión retrógrada que un día prevaleció y que debemos dejar atrás. Los que decían defender la “patria grande”, han hecho mucho daño al país, comprometiendo nuestro desarrollo en nombre de la ideología y de un proyecto integrador fallido. Deberemos tener claro, en octubre, cuál es la mejor opción electoral que asegure un mejor porvenir para los uruguayos. El pueblo decidirá.

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