Fernando Mattos
Fernando Mattos

El G20 y nosotros

La Cumbre del G20 nos ha dejado mucha información de interés, pues este tipo de reunión, realizada en forma inédita en Sudamérica, fue llevada a cabo en terreno vecino que bien conocemos.

Los mandatarios de los países más poderosos, responsables por el 85% del PIB mundial, deliberaron por tres días en Buenos Aires sobre la realidad del planeta, sus problemas, desafíos, soluciones, definiendo mecanismos de cooperación internacional, marcando el camino que el mundo civilizado debería recorrer frente a una realidad compleja que reta a los liderazgos de las principales potencias.

Sin perjuicio de la declaración de consenso que resume el pensamiento de los líderes mundiales, secundada por las organizaciones políticas, económicas, financieras y sociales que institucionalizan al multilateralismo, se genera un ámbito propicio para la solución de controversias, así como espacios de complementación entre sus integrantes.

Argentina asumió la presidencia del G20 y el desafío de organizar este encuentro, siendo una apuesta de riesgo que generó muchas dudas respecto de las capacidades del anfitrión para llevar adelante un evento de estas proporciones. No es para menos, pues Argentina estuvo varios años aislada del mundo, incumpliendo compromisos, no respetando acuerdos, sin pagar a sus acreedores, generando una imagen internacional reñida con las tradiciones que la supieron situar entre los principales actores mundiales.

Es reciente la imagen de los embargos, haciendo que el avión presidencial eligiera aeropuerto según la jurisdicción, o la fragata de instrucción naval “Libertad” fuera retenida en un puerto africano por reclamos de acreedores damnificados que recurrieron a la justicia internacional.

El presidente Macri, su equipo de gobierno y el pueblo argentino están de parabienes por el resultado de la cumbre, la capacidad de organización, logística, seguridad, calidez del anfitrión, una demostración cultural de calidad y talento artístico que nos emocionó a muchos que seguimos la gala del teatro Colón.

Más allá del éxito organizativo, Argentina aprovechó muy bien la oportunidad que se le presentó, generando una infinidad de acuerdos bilaterales que contribuirán al comercio, a la inversión, al blindaje financiero, a recibir recursos vitales para su debilitada economía, representando mejorar el empleo, contrastando con el país que hasta hace dos años aún estaba en default.

Este es el camino que debemos seguir en el concierto internacional, dejando de lado un período nefasto en que priorizamos nuestras relaciones en base a identidades ideológicas, donde la absoluta ausencia de una estrategia de inserción internacional de Estado, nos privó de una infinidad de oportunidades que hubieran significado un mayor desarrollo económico y humano para los uruguayos.

Hemos visto cómo nuestro vecino ha recibido las felicitaciones, recogiendo los beneficios de su estrategia de apertura al mundo, mientras simultáneamente, escuchamos aquí al partido de gobierno proponer un programa para el siglo XX, cerrando la economía, incrementando impuestos, aumentando el gasto en educación sin reformarla, reduciendo penas a menores infractores y basando su estrategia en “evitar la restauración”.

El contraste es enorme, un cambio de rumbo en Uruguay, se torna imprescindible.

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