Fernando Mattos
Fernando Mattos

¡Fuerza Luis!

En una forma inusual para las costumbres democráticas uruguayas, en el segundo escrutinio se alcanzó el número de votos necesarios para que fuera irreversible la ventaja y se reconociera el triunfo de la fórmula Lacalle/Argimón.

Tenemos nuevo presidente y una necesaria alternancia en el poder, luego de 15 años de gobierno del Frente Amplio. Se hace historia, estableciéndose por primera vez una coalición de gobierno de cinco lemas, con el liderazgo del partido Nacional. En una campaña llena de aciertos, Luis Lacalle diseñó la estrategia vencedora.

No será tarea fácil en virtud de la compleja situación económica en la que está el país, muy a pesar de los registros de crecimiento continuo por 17 años, que no se compadecen con los niveles de déficit en las cuentas públicas, el escuálido nivel de actividad y la alta tasa de desempleo.

Se destacó en el debate electoral la propuesta de Lacalle Pou de recortar el gasto a efectos de equilibrar las cuentas, dando pie a la réplica oficialista, asociando el ahorro de 900 millones de dólares a una inevitable afectación del gasto social.

Lógicamente que esta es una de las grandes batallas que habrá de librar el nuevo gobierno. Toda familia, empresa o país que precie la libertad y quiera reducir su grado de dependencia, debe responsablemente combatir el déficit, endeudamiento continuo que compromete el futuro de sus ciudadanos y la viabilidad como nación. Para eso, hay dos caminos: bajar el gasto y mejorar el ingreso.

No estamos para definir cuán posible es llegar a la meta de ahorro mencionada, si bien hay mucho para recortar en distintas áreas del Estado, sin que ello represente afectación de la población más necesitada.

Lo que sí estamos seguros es que el gobierno electo ya está generando una mejor expectativa acerca de incrementar la magra tasa de inversión de los últimos tiempos, al anunciar la reactivación productiva como prioridad.

No hay crecimiento sin inversión por parte de los emprendedores y estos solamente arriesgarán su capital si vislumbran una razonable obtención de ganancia. Para que este círculo virtuoso se confirme, es imperioso reducir las altas cargas del Estado sobre los privados, en forma de impuestos, valor del dólar, tarifas y cargas sociales que tanto han afectado la competitividad.

Un ejemplo claro es la reducción de los costos de la energía, especialmente en lo que se refiere a los combustibles. El gasoil es el insumo básico para el transporte, el agro y la industria, determinando un enorme peso relativo en el componente de costos.

Estos sectores son responsables por buena parte de las exportaciones de bienes, teniendo que competir en el exterior con similares de la región que cuentan con combustibles entre 20 y 30% por debajo de nuestras tarifas. Inciden al punto de inviabilizar rubros emblemáticos como el arroz y la lechería.

No hay más lugar para empresas públicas con mala gestión, con finalidades recaudatorias y corporativas que están más al servicio del gobierno y de sus funcionarios que del propio pueblo.

Debemos impulsar el aparato productivo con competitividad, encendiendo el motor de la inversión. Solamente se puede distribuir riqueza si esta se genera. De lo contrario, seremos cada vez más dependientes de voluntades ajenas.

¡Fuerza Luis y la coalición!

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