Fernando Mattos
Fernando Mattos

Desterremos el prejuicio

El sector agropecuario enfrenta serios problemas de rentabilidad, registrando varios años de resultados negativos debido a un incesante incremento de costos, mientras el mercado internacional ajusta los precios.

Salvo la ganadería que vive una “primavera” y la producción forestal para celulosa, la mayoría de los sectores está en profunda recesión.

Los ganaderos, luego de años con pobres resultados, se benefician de un clima favorable propiciando una condición forrajera excepcional, combinada con un incremento de la demanda. La Peste Porcina Africana asola la producción asiática de proteína animal, determinando que China deberá importar cerca de dos millones de toneladas de carne bovina, representando casi 20% del comercio mundial. Esta enfermedad no tiene cura, tampoco afecta al humano y se combate con el masivo sacrificio de cerdos.

Hace diez años, China era un actor inexistente en el mercado de carne vacuna, hoy es el principal importador, generando una demanda incremental que sostendrá los precios por cierto tiempo.

Otro factor que impulsa los valores, es la relativa escasez de animales para faena, pues disponemos de un reducido número de novillos, luego de varios años de intensa exportación de ganado en pie.

Poca oferta y fuerte demanda están elevando los precios ganaderos, beneficiando a productores, con la contracara de una industria frigorífica jaqueada por marcado encarecimiento de la materia prima y elevados costos operativos.

Los demás rubros agropecuarios están en serias dificultades. La producción lechera se reduce, cierran tambos, crece el envío de vacas a faena y aumenta el endeudamiento sectorial. Las medidas tomadas por el gobierno para paliar la situación han sido muy poco efectivas, es como haberle administrado una aspirina al moribundo.

En la agricultura, el panorama es similar. Los ajustados márgenes determinan una fuerte exposición de los productores que deben elevar sistemáticamente el piso de producción para cubrir el presupuesto, muy sujeto a los vaivenes del clima. Los agricultores son grandes multiplicadores de actividad, estando muy desalentados, tomando decisiones drásticas de dejar la actividad o reducir fuertemente las áreas de cultivo.

La realidad indica que las políticas agropecuarias han fracasado, no han logrado revertir un incesante incremento de costos de producción que no guarda relación con los precios internacionales. Un productor neozelandés, no obstante, obtiene buena rentabilidad funcionando en el mismo mercado. El problema es interno, tarifas públicas exorbitantes, carencias de infraestructura, baja productividad de la mano de obra, elevados tributos, dólar utilizado como ancla cambiaria, pobre inserción internacional, excesiva burocracia y falta de seguridad, entre otros. La locomotora de la economía está frenada, tenemos un gigante dormido que requiere señales claras para retomar el crecimiento. Se necesita un nuevo gobierno que las impulse e interprete adecuadamente la importancia del agro, resolviendo los problemas de competitividad que han condenado a miles de productores.

El Frente Amplio jamás entendió al campo, sus políticas han estado cargadas de prejuicios ideológicos profundizando la brecha existente con el medio urbano. Sin un campo fuerte, no habrá bienestar económico ni desarrollo de nuestra sociedad. Habrá un voto castigo desde el interior, es bueno que tomen nota.

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