Fernando Mattos
Fernando Mattos

De carne somos

Conocidas las cifras de existencias, constatamos una nueva baja del stock vacuno.

Es el tercer año consecutivo de disminución desde el récord de 2016 de casi 12 millones de cabezas.

El tema preocupa a la industria por la importante reducción en las categorías próximas a faena. Si bien la baja desde el máximo es de apenas 7%, cuando vamos a la estructura, queda clara la fuerte merma en novillos, vacas de invernada y vaquillonas de más de dos años, representando 25% menos de disponibilidad de ganados para procesar.

La causa ha sido una fuerte extracción, sumándose altas faenas a un gran volumen de exportación de ganado en pie, números que no fueron compensados suficientemente por los índices de procreo.

Mucho se ha comentado respecto de la fuerte corriente de exportación en pie, fundamentalmente hacia Turquía, motivada por una rupia sobrevaluada y políticas de ese gobierno estimulando el engorde, al tiempo que se imponía una alta carga arancelaria a la importación de carne.

Los productores defienden el mantenimiento de la libertad exportadora, señal esencial que impide el mercado cautivo, generando certezas que respalden el proceso de inversión, respetando los largos ciclos biológicos. La escasez ha determinado la valorización de todas las categorías, inclusive las vinculadas a la cría que siempre han recibido valores residuales. En 300 años del negocio ganadero, este es el mejor momento del criador que apuesta invirtiendo en mejorar la producción, incorporando genética, manejo nutricional y cuidados sanitarios.

La respuesta toma su tiempo, no lográndose aún superar pobres niveles de productividad, a pesar de importantes esfuerzos en investigación y transferencia de tecnología, especialmente en cuanto a índices de procreo.

Volviendo al stock ganadero, podemos constatar que la máquina de producción está intacta, con elevado número de vacas de cría e importantes registros de las categorías jóvenes que se consolidarán con los nacimientos de esta primavera.

El panorama de la demanda es muy auspicioso, China absorbe toda oferta disponible de carne, en el intento de suplir sus necesidades tan impactadas por los efectos devastadores de la peste porcina africana.

Tenemos la gran oportunidad de consolidar la producción ganadera estableciendo reglas claras, manteniendo el libre mercado, mejorando el acceso, reduciendo aranceles, generando mayor valor al producto por la fortaleza de nuestro sistema de producción, amigable con el medio ambiente, y con las garantías que otorga el sistema de trazabilidad.

Debemos colaborar con la industria a enfrentar la coyuntura de altos costos determinados por nuestra baja capacidad de competencia y la falta de materia prima que se resolverá, en el mediano plazo, con la respuesta de la producción. Tenemos un gigante dormido que aguarda se disparen las inversiones contenidas por un discurso oficial poco amigable con el sector.

Somos expertos en perder oportunidades y así lo comprueba el estado actual de nuestra anémica economía, luego de 16 años de crecimiento sin haber logrado consolidar el desarrollo.

Una política de Estado consensuada, fijando pautas que impulsen la principal cadena productiva del país, puede llevar a duplicar el valor de las exportaciones de carne en una década. Ardua pero posible tarea que beneficiará a toda la sociedad.

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