Fernando Mattos
Fernando Mattos

Brasil se acerca

Esta semana viaja a Brasilia el futuro ministro de relaciones exteriores, Ernesto Talvi, aceptando una invitación cursada por el canciller Ernesto Araújo.

Es un cambio desde la diplomacia brasileña hacia nuestro país y una señal importante al nuevo gobierno que asumirá el primero de marzo.

Recordemos que Tabaré Vázquez jamás se entrevistó con Jair Bolsonaro, a pesar de que transcurrirán 14 meses en los que coinciden en las respectivas presidencias de países democráticos, vecinos y socios del Mercosur. El encuentro entre ambos se resume al frío saludo protocolar en el palacio da Alvorada, cuando asume el presidente brasileño.

Claro está que existen enormes diferencias ideológicas en el pensamiento y que el derrotado PT ha sido esencial fuente de inspiración para el Frente Amplio. Sus representantes jamás lograron disimular la animadversión hacia Bolsonaro, repitiendo falsos latiguillos petistas de que Lula era un preso político, que Dilma había sido víctima de un golpe de Estado, o minimizando el mar de corrupción que condujo a tantos funcionarios a prisión y a Brasil a su mayor crisis económica. En la recta final de la campaña brasileña, lejos de mantener la neutralidad que impone el principio de no injerencia en asuntos internos de otras naciones, varios ministros del gobierno se manifestaron públicamente a favor del PT. Hasta el propio canciller Nin Novoa comete una enorme “gaffe”, deseando la equivocación de las encuestadoras que daban como favorito a Bolsonaro.

No podríamos cosechar otra cosa que la frialdad desde Brasilia y la pérdida de oportunidad para avanzar más en los temas comunes o bilaterales. Esa es la lógica que hay que quebrar, debemos colocar siempre los intereses del país por encima, sin renunciar a principios básicos asentados en el derecho internacional pero estableciendo un relacionamiento exterior pragmático, estrechando vínculos con países que nos ofrezcan oportunidades, más allá de sus identidades ideológicas.

Brasil es nuestro segundo socio comercial, después de China. Ha sido nuestro principal comprador por muchos años y será un gran actor en la demanda de nuestra producción agropecuaria, industrial y de servicios, en la medida que consolide el proceso de recuperación económica en curso.

Tenemos una gran oportunidad para establecer las pautas de un cambio radical en este Mercosur inoperante que ha permanecido bloqueado en una estrategia de desarrollo interno, sin un plan efectivo de inserción, mientras el mundo ha avanzado en mejorar el comercio vía acuerdos entre países o bloques.

Brasil está con una agenda aperturista de la mano del ministro de Hacienda, Paulo Guedes, quien ha predicado por el cambio de Brasil como actor global, dando pasos significativos para equilibrar la economía, realizar reformas estructurales, captar inversiones, modernizar el aparato productivo, haciéndolo más competitivo e impulsando el comercio.

Aprovechemos este cambio histórico de postura estratégica, propiciemos la apertura, más comercio, inversión, tecnología, educación para mejorar la calidad de vida de nuestra población. Debemos flexibilizar las reglas del Mercosur y que sea un verdadero instrumento integrador, revisando su institucionalidad y reformándolo para darle viabilidad.

Abrir los mercados no es tarea fácil, más difícil es abrir las cabezas.

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