Fanny Trylesinski
Fanny Trylesinski

¿Todos los días un poquito mejor?

En noviembre del 2017, luego de la victoria arrasadora de Cambiemos en las elecciones de medio término, escribíamos sobre Argentina:

"El ritmo lento de abatimiento del déficit fiscal lleva a que el expediente de financiarlo con endeudamiento público siga activo, engrosando una deuda que todavía es manejable pero que no puede sostener este ritmo alocado de crecimiento. El gradualismo pretende generar un dolor más tolerable para la sociedad en su conjunto. Sin embargo genera un problema de "fatiga" del ajuste y se hace insostenible en el mediano plazo para la sociedad y para los que lo financian desde el exterior. El tiempo de las reformas empezó y si no se logra imprimir un ritmo acelerado y sostenido, más temprano que tarde, los fantasmas del pasado volverán a reaparecer en el escenario político argentino."

Bastó un leve cambio en la situación financiera internacional, un aumento generalizado del riesgo de los países emergentes y una sucesión desafortunada de errores de política económica del gobierno argentino, para que se produjera una "mini tormenta perfecta":

—Reunificación de la oposición para frenar el aumento de tarifas públicas y aprobación de un proyecto de- magógico para recalcular su evolución dinamitando la estrategia de abatimiento de subsidios.

—Pérdida de confianza en las metas de déficit e inflación del Gobierno

—Salida de capitales, caída importante del valor de la deuda argentina y corrida cambiaria.

En diez días se desplomó la ilusión del oficialismo de llegar sin sobresaltos al 2019 e ir por un segundo mandato. La apuesta económica, desde su origen, era muy riesgosa porque dependía del mantenimiento del buen humor de los mercados financieros en general y con Argentina en particular, sin mostrar una disposición firme a hacer lo que se debía, aprovechando el capital político ganado en las urnas en 2015 y ratificado en 2017. Pesó más el temor de perder popularidad, el fantasma del "helicóptero", que la necesidad ineludible de utilizar el bisturí a fondo para sanear las finanzas públicas en el menor tiempo posible.

Ahora el ajuste deberá ser severo y el Gobierno tendrá que asumir los costos políticos con menor popularidad y con una oposición peronista que empieza a ver que no to-do está perdido para las próximas elecciones.

La jugada del Gobierno de recurrir al FMI para mejorar la percepción de riesgo de los tenedores de deuda argentina es de doble filo. Puede servir para calmar algo las aguas pero abre un frente político complicado en un país en el que buena parte de la población cree sinceramente que el FMI es un demonio maléfico, responsable de innumerables sufrimientos pasados. Esto será aprovechado por la oposición para deteriorar aún más la imagen del gobierno.

A este lado del río, el gobierno le juega todas las fichas al "desacople". No conocemos el final de esta película y el panorama de Brasil no lu-ce muy halagüeño. Hora de prestar atención y no seguir agravando una situación fiscal que, aunque lejos del descalabro argentino, es delicada. Tampoco aquí se avanza en la dirección de las promesas y eso, tarde o temprano los mercados lo perciben. En ese momento, el nivel de reservas y una prolija gestión de la deuda pública ya no será blindaje suficiente.

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