Fanny Trylesinski
Fanny Trylesinski

Repartiendo porcentajes

Hace unas semanas se produjo el lanzamiento de las campañas de varios precandidatos presidenciales. El oficialista, propuso una serie de lugares comunes como “pilares” de un eventual tercer gobierno frentista. Nos interesa detenernos en una “promesa” que tiene que ver con la asignación de un 6% del PIB a la educación.

Hace unas semanas se produjo el lanzamiento de las campañas de varios precandidatos presidenciales. El oficialista, propuso una serie de lugares comunes como “pilares” de un eventual tercer gobierno frentista. Nos interesa detenernos en una “promesa” que tiene que ver con la asignación de un 6% del PIB a la educación.

Está claro que ante la carencia de ideas para mejorar lo que a todas luces no funciona, la táctica empleada por el candidato tuvo dos componentes: el primero negar la realidad (la educación no está tan mal) y el segundo prometer más recursos (el tan manido 6%). Recordemos que este tema de asignar un porcentaje fijo del PIB a la educación ya había sido promovido por los gremios del ramo con el apoyo de la izquierda por medio de una reforma constitucional que finalmente no prosperó porque la ciudadanía no la apoyó.

¿Qué significa asignar un porcentaje fijo del PIB a un destino determinado?

El PIB mide la producción de bienes y servicios de una economía. Esta producción tiene varios destinos: el consumo privado, la inversión pública y privada, las exportaciones netas de importaciones y el consumo del gobierno. Este último está constituido por el gasto en bienes y servicios que realiza el gobierno y los salarios que paga a sus funcionarios. Este consumo del gobierno a su vez, puede ser analizado desde el punto de vista de las funciones que el mismo tiene, por ejemplo, seguridad ciudadana, salud pública, defensa y educación entre otros.

Si realizamos el cociente entre el consumo del gobierno y el PIB para Uruguay en el año 2012, el mismo fue de 13.6%. Ese porcentaje puede variar por dos razones, porque cambie el PIB o porque cambie el gasto del consumo del gobierno. Por ejemplo, en 2005 ese porcentaje era de 10.9% O sea que se produjo un aumento en el gasto mayor al aumento del PIB.

Si tomáramos en cuenta dentro del gasto en educación las compras de bienes y servicios y los salarios, cualquier incremento en el porcentaje dedicado a estos fines debería provenir de alguna de las siguientes fuentes:

1) Un aumento de la participación del consumo del gobierno en el PIB

2) Una disminución de la participación de algún otro componente del consumo del gobierno, de modo de poder asignarlo a él.

Si se optara por el primer camino y suponiendo que el PIB no disminuya, ello implicaría un aumento del gasto del gobierno que debería financiarse de algún modo, ya sea con más impuestos o con endeudamiento.
Si en cambio, ese aumento en la participación del gasto en educación se produce sin aumentar el consumo global del gobierno, debería explicitarse qué otros destinos se verán disminuidos.

Por ejemplo, se podría decir: destinaremos menos recursos públicos a la salud o a la justicia o a la policía y se los asignaremos a la enseñanza.
Si el planteo se realizara de esta manera, podría ser creíble aunque no sea compartible. Al anunciar un alegre aumento de recursos, se hace demagogia, que según la Real Academia Española consiste en la “práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular”.

El retorno del Dr. Vázquez a la arena electoral no pudo tener peor comienzo. Este tipo de prácticas políticas no están a la altura de alguien que ya pasó por el sillón presidencial.

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