Fanny Trylesinski
Fanny Trylesinski

¿Qué pasa con el empleo?

La tasa de empleo, es decir, la proporción de ocupados en el total de personas en edad de trabajar, ha venido cayendo sistemáticamente en Uruguay desde su pico en 2011.

Solo hubo un repunte transitorio en 2014, fruto de inversiones extraordinarias (segunda planta de celulosa, instalación de molinos para energía eólica) para retomar una tendencia que se mantiene hasta el presente.

A partir de 2015 la conducción económica reconoce el problema y los analistas han formulado diversas hipótesis del por qué de este fenómeno ya que si bien la economía se ha desacelerado en los últimos años, el crecimiento económico se ha mantenido.

Se ha hablado del cambio tecnológico que conlleva un uso relativamente menor de personal, de un proceso de sobre inversión en el boom económico que aún no estaría completamente utilizado, de crecimiento en sectores que son menos demandantes de empleo, etc.

Desde esta columna, al igual que otros colegas, hemos insistido en la relación que en el corto plazo mantiene la evolución del PIB, del salario real y del empleo. Aumentos de salario real por encima del crecimiento del PIB implican caída del empleo.

Sin embargo, hoy queremos añadir un elemento en el que no se ha hecho hincapié y puede ayudar a profundizar el análisis del problema y sus causas.

Si se compara el período 20112016 se constata que casi dos tercios de la caída de la tasa de empleo se concentra en menores a 25 años. Más aún, la caída es mayor cuanto más joven es el estrato considerado.

Si la tasa de empleo se hubiese mantenido desde 2011 habría algo más de 62.000 ocupados más que los que había en 2016. Pero aproximadamente 38.000 serían menores de 25 años.

Esto sugiere que estamos ante un problema que está discriminando el empleo joven. Implica mayores dificultades para ingresar al mercado de trabajo y mantenerse ocupado ya que ha aumentado el desempleo y la búsqueda de trabajo por primera vez de este estrato etario.

La caída de la tasa de empleo en estos estratos tampoco se ha acompañado de un aumento en la matriculación del sistema educativo, único aspecto positivo que podría haber tenido la caída del empleo, pero eso no ocurrió.

La pregunta que nos surge es, si la política salarial llevada adelante con fines redistributivos, profundizada desde 2011 (aumentos de salario mínimo nacional y por categorías surgidos en los Consejos de Salarios por encima del aumento medio) no estará teniendo estos efectos no deseados. Si bien es un punto debatido, el fenómeno es consistente con la literatura que asocia estas políticas salariales con impactos negativos en el empleo juvenil.

Llama la atención que la multiplicidad de "observatorios" que se han creado y mantenido con dinero de los contribuyentes (entre ellos el del Mides INJU) nada tengan para decir (en el caso que hayan "observado" algo). Tampoco se conocen evaluaciones de los resultados del fomento del Empleo Juvenil (ley 19133, implementada a partir del 2015 y aprobada por todos los partidos) aunque por los resultados vistos más arriba no parece estar siendo eficaz en absoluto.

Es hora de atender el problema del empleo en general pero el empleo juvenil merece una consideración especial.

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