Fanny Trylesinski
Fanny Trylesinski

Optimismo desacoplado

El término “desacople” se ha utilizado intensamente a partir de la crisis financiera del año 2008. En América Latina los analistas sostenían que el subcontinente sufriría en mucha menor medida que en otras circunstancias los efectos de esa crisis y, por lo tanto, las economías continuarían creciendo.

El término “desacople” se ha utilizado intensamente a partir de la crisis financiera del año 2008. En América Latina los analistas sostenían que el subcontinente sufriría en mucha menor medida que en otras circunstancias los efectos de esa crisis y, por lo tanto, las economías continuarían creciendo.

Eso ocurrió en los años 2010 y 2011. En el trienio siguiente el crecimiento se enlenteció y no se proyecta una recuperación importante para el 2015 ya que las condiciones económicas internacionales que favorecieron a la región a partir de comienzos del siglo XXI han comenzado a revertirse. En Uruguay se dio a conocer recientemente una encuesta realizada por la consultora Deloitte a unos 300 ejecutivos de empresas nacionales a los que se les inquirió acerca de su percepción respecto a la situación y perspectivas económicas del país, sobre el clima de negocios, sobre la situación de la propia empresa y sobre la gestión del gobierno.

Esta encuesta mostró valoraciones un poco más optimistas que en ocasiones anteriores. En particular en relación a las perspectivas sobre la situación económica y el clima de inversiones. A nivel de la situación económica el porcentaje de empresarios que espera un deterioro de la economía en el próximo año cayó por tercera vez consecutiva y se ubicó, cinco puntos por debajo del nivel alcanzado seis meses antes y más de 10 puntos por debajo del máximo que había tocado en abril de 2013. De la misma manera, el porcentaje de empresarios que espera un peor clima de inversiones en el próximo año cayó en más de 7 puntos respecto a la medición anterior y se ubicó en esta última edición apenas por encima del 40%.

Por otra parte, aumentaron las respuestas que califican como bueno o muy bueno el clima de negocios, que alcanzaron a 55% del total. Esto representa una suba de dos puntos frente a la edición medición previa y de seis puntos frente a un año atrás.

Lo insólito es que esta mejora en las percepciones respecto al futuro de la economía y los negocios, no está acompañada de expectativas de mayor dinamismo económico ya que la mayoría de los empresarios visualiza una desaceleración de la economía hacia tasas de entre 2% y 3%.

Siguiendo con lo curioso de las respuestas, se incrementó el porcentaje de encuestados que desaprueba la gestión del gobierno que se ubicó en 50% y al mismo tiempo también aumentaron los que la aprueban. Finalmente, la mayoría de los empresarios preveían pocos cambios en la conducción económica para el gobierno electo, un mantenimiento del gasto público y de los impuestos a empresas y un incremento de los impuestos a las personas de mayores ingresos. Un análisis de los resultados nos muestra un empresariado más optimista acerca del futuro aunque sin bases reales, una negación de aspectos eventualmente incómodos como un aumento del gasto público o tributos y una aceptación de mayores impuestos para sí mismos.

Este optimismo podría tener su explicación en las expectativas respecto al presidente electo cuando aún no se conocían los nombramientos de los jerarcas del Ministerio de Trabajo, una especie de “Asalto al Palacio de Invierno” a la uruguaya. Cuando los empresarios vuelvan de sus vacaciones estivales ¿seguirán tan optimistas?

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