Fanny Trylesinski
Fanny Trylesinski

Definitivamente: es un perro…

Un dicho popular reza algo así como: si tiene cuatro patas, mueve la cola y ladra, es un perro.

Un dicho popular reza algo así como: si tiene cuatro patas, mueve la cola y ladra, es un perro.

Algo similar podría decirse respecto a los ajustes fiscales que el tercer gobierno del FA viene perpetrando desde el año en que asumió.

Una singularidad que caracteriza a estos gobernantes es su negativa a aceptar la realidad (nadie le gana en ese sentido al ministro del Interior) o rebautizar los hechos para que no parezcan lo que realmente son, como lo hace el ministro de Economía.

Este ajuste fiscal por entregas que se viene realizando, tiene su origen en un incremento desmesurado del gasto público que pudo financiarse, en buena medida, gracias a las condiciones internacionales extremadamente favorables que implicaron altos precios de commodities y condiciones financieras excepcionales.

De ese modo se pudo implementar un Impuesto a la Renta de las Personas Físicas mucho más parecido a un impuesto a los ingresos, e incluso un impuesto a las jubilaciones. El aumento real de los ingresos de trabajadores y jubilados se compartió así con Rentas Generales.

Sin embargo, como hemos estado viendo en los últimos dos años, las cuentas no cierran y es necesario recurrir a los denostados ajustes fiscales. Claro que ahora le llaman de otra manera, pero continuando con la metáfora del perro, ni siquiera se trata del mismo perro con distinto collar. Es el mismo perro con el mismo collar: aumento de impuestos y de tarifas públicas.

En una verdadera exhibición de puerilidad, la discusión sobre el aumento de tarifas giró en torno a si se trataba de un “tarifazo” o no.

No entendemos la relevancia de la discusión, ni por supuesto los argumentos dados por las autoridades para fijar los aumentos de tarifas despegados de los verdaderos costos de producción. Mejor dicho, los argumentos no justifican los hechos. Simplemente se trata de un aumento de tarifas con el fin de recaudar dinero que irá a parar a Rentas Generales para contribuir a tapar el gran agujero que sucesivos gobiernos del mismo color han construido.

Por otra parte, tenemos a partir del 1º de enero un fuerte aumento de los impuestos a los ingresos personales. Mayores tasas de IRPF e IASS y reducción de las deducciones.

El gobierno trata de presentar estos aumentos como algo que afecta a una mínima parte de los uruguayos. “A la mayoría no los va a afectar”, dicen. Y así intentan justificar una carga tributaria cada vez más pesada a cambio de servicios de calidad siempre lamentable.

Sin embargo ello no es así. Los aumentos de tarifas repercuten en los precios al consumo y por ende en el poder adquisitivo de todos aquellos que no pueden trasladar esos aumentos, básicamente asalariados y pasivos.

Además, la disminución del ingreso disponible de aquellos que, según el gobierno, “tienen más”, hará disminuir su demanda de servicios prestados precisamente por quienes “tienen menos”, afectando seguramente el nivel de empleo e ingresos de estos.

El resultado final de seguir jugando a Robin Hood terminará por alimentar un nivel de precios más elevado en el cual perdemos todos democráticamente, y más dificultades habrá para el empleo de los menos calificados.

En definitiva, es un perro, tiene el mismo collar, pero claro, si alguna vez lo admiten, dirán que es un perro de izquierda.

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