Fanny Trylesinski
Fanny Trylesinski

Déficit de voluntad política

Al cierre del primer cuatrimestre del año el panorama fiscal no luce nada halagüeño para el gobierno, o por lo menos para aquella fracción que se preocupa por el tema.

Las últimas cifras conocidas a marzo de 2018 muestran una situación prácticamente incambiada respecto al abultado déficit de 3.4% del Producto. Es oportuno recordar que independientemente de las metas trazadas por el gobierno, los ajustes de tarifas e impuestos que se sucedieron en esta administración solo han logrado que el desequilibrio no aumente. La recaudación se incrementó por varias fuentes pero, como ya hemos expresado anteriormente, el gasto no para de crecer y parece tener a esta altura vida propia.

Los distintos "paquetes atados" por las sucesivas administraciones frenteamplistas se han desatado uno a uno y hoy estamos ante una realidad difícil de revertir. Claro que mucho más difícil es cuando no se lo intenta, y este parece ser el caso del actual gobierno, que en eso tiene un parecido de familia con los anteriores y quizás esté en el ADN del Frente Amplio.

Con ese telón de fondo, la conducción económica debe afrontar un duro combate contra la compulsión al gasto en ocasión de la presentación de la rendición de cuentas, última oportunidad para generar nuevos gastos (¿más?) en el actual período de gobierno.

En este marco, cierta sorpresa causaron las recientes declaraciones del economista jefe del Banco Mundial para América Latina sobre la situación fiscal en Uruguay:

"Un primer aspecto positivo es que veo al ministro Astori y en general al gobierno muy comprometido con la idea de bajar el déficit al 2,5% para el año próximo, que no va ser fácil; pero el hecho que se repita ese objetivo una y otra vez en público es algo positivo. Astori como todo ministro tiene que trabajar con el resto del gobierno y el Parlamento, pero a él personalmente se lo ve muy comprometido con esta meta".

Viniendo de un economista uruguayo y de probadas capacidades técnicas, estas frases solo pueden interpretarse como una voz de aliento al Ministro de un Estado Miembro del Organismo ya que en honor a la verdad lo de bajar el déficit al 2.5% al final del año próximo, estando en el nivel que estamos, no lo cree nadie.

Además, el Ministro se caracteriza por repetir hasta el hartazgo consignas que después no le resulta posible llevar adelante, con lo cual mal pueden ayudar sus declaraciones a la solución de los verdaderos problemas que existen en esta y otras muchas áreas más. ¿Cuántas veces hemos escuchado de su parte la necesidad de mejorar la calidad del gasto? Innumerables. ¿Qué se ha hecho? Nada digno de memoria.

Y ahora, se acabó el tiempo. Ahora y hasta las elecciones veremos a un equipo económico que terminará cediendo, aunque sea parcialmente, a las demandas de su fuerza política para "reforzar partidas presupuestales" sin contrapartida y a soltar la ma-no con la inversión pública en año electoral. La meta del déficit fiscal del 2019 será entonces una ilusión inalcanzable. Lo importante es asegurar la victoria electoral. El Estado se seguirá endeudando, probablemente a tasas de interés cada vez más altas, y será la nueva administración, sea del color que sea, la que tenga que arrancar con el ya tradicional y doloroso ajuste fiscal para que el barco no se hunda.

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