Elegir la escuela

PABLO DA SILVEIRA

El diario belga Le Soir divulgó recientemente los resultados de un estudio que divide a los países de la Unión Europea según el grado de libertad que tienen los padres para elegir la escuela a la que irán sus hijos. Se trata de la posibilidad de elegir entre escuelas financiadas por el Estado, como ocurriría si los padres montevideanos pudieran optar entre la Escuela Nº 98 de Villa Dolores o la Escuela Nº 4 del Cordón.

Los resultados son los siguientes. En tres países (Holanda, Bélgica e Irlanda) los padres pueden elegir sin que las autoridades educativas pongan ninguna limitación. En otro grupo más numeroso (que incluye, entre otros, a Inglaterra, España, Italia, Eslovenia y Eslovaquia) los padres pueden elegir la escuela, pero las autoridades tienen alguna capacidad de intervención como, por ejemplo, establecer el número máximo de alumnos que puede recibir cada establecimiento.

Suecia y Noruega están en una situación mixta: en ciertos casos hay libre elección y en otros no. En el resto de los países, el Estado elige la escuela a la que tiene que asistir cada alumno, aunque con diferentes grados de rigidez.

En ciertos países (como Alemania, Finlandia, Polonia y República Checa), las autoridades deciden en primera instancia pero los padres pueden pedir un cambio.

Y luego está el grupo de los países más rígidos, donde el Estado elige y los padres tienen muy poco margen para influir. En esta última situación están Francia, Portugal, Grecia, Creta y Chipre.

Estos datos ayudan a poner en perspectiva nuestra propia manera de hacer las cosas. Contra lo que solemos creer, el modelo uruguayo, que impone un establecimiento a los alumnos de la educación pública sin dejar casi ningún margen de decisión a los padres, no es la solución natural ni mucho menos la única existente.

En la Unión Europea, los estados que aplican una fórmula parecida son una minoría (5 en 27). Los países que dejan una libertad de elección total o muy grande constituyen un grupo más numeroso (11 en 27). Los demás están en una situación intermedia, pero en general más flexible que la nuestra.

Una segunda observación es que los países que dejan la elección totalmente en manos de los padres obtienen mejores resultados educativos que los países más rígidos. En la reciente medición internacional de aprendizajes PISA, Holanda quedó colocada en el lugar número 9 a nivel mundial, Bélgica en el 19 e Irlanda en el 20. Esos son los países que otorgan mayor libertad de elección en Europa.

En cambio, Francia quedó colocada en el lugar 25, Portugal en el 37 y Grecia en el 38. Esos son los países que otorgan menos libertad a los padres (no hay datos para Creta y Chipre).

Esto no significa que la libertad de elección de los padres garantice por sí misma la calidad, ni que toda limitación a esa libertad atente necesariamente contra los aprendizajes. Finlandia, el país que ocupa el primer lugar mundial en la medición de PISA, otorga menos libertad de elección que Holanda, que aparece noveno. España, pese a ser más flexible, obtiene peores resultados que Estonia.

Pero al menos hay algo seguro, y es que ninguno de los países que ignoran total o casi totalmente las preferencias de los padres está consiguiendo buenos resultados. Eso ocurre incluso en un país como Francia, con abundantes recursos y una gran tradición educativa a sus espaldas.

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