GONZALO AGUIRRE RAMIREZ
Almorzábamos en Morini, allá por 1998, con don Pancho Rodríguez Camusso, cuando éste nos dijo:
-Aguirre, cuando en 1971 se constituyó el Frente Amplio, como parte de su estrategia de mediano y largo plazo, se fijó el objetivo de infiltrar la enseñanza a todos sus niveles. No sólo la universitaria, donde el dominio de la izquierda no era nuevo y ya había rendido sus frutos.
Nunca he creído merecer el Oscar de la sagacidad, pero habiendo conocido bien la Universidad de los años sesenta, para nada me sorprendió lo expresado por el gran parlamentario. Sus palabras, además, "cerraban" con la observación de la realidad circundante, a nivel de la mayoría de la juventud.
En consecuencia, lo que ahora ha trascendido, en el orden de la enseñanza de la historia contemporánea, no es sino la confirmación de aquella estrategia que-no obstante el hiato de la dictadura- fue persistentemente aplicada, en violación deliberada del principio de laicidad y en beneficio de la corriente política que hoy está en el gobierno. Y que lo está, en buena medida, por la utilización del sistema educativo "pro domo sua".
Dios ciega a quienes quiere perder, a veces acoto, y es lo que parece estar ocurriendo. Con la confianza y la impunidad que temporalmente da el poder, quienes de él disponen han dado en comunicar cómo van a enseñar la historia. Que, seguramente, es como ya la están enseñando, aunque no con libreto oficial. La nacional y la universal.
Dos tediosos programas, encargados a monótonas docentes, se han difundido por TV. Representan el modelo a seguir por el profesorado de Historia respecto de la posguerra mundial y la guerra fría. Quienes los vieron coinciden en el juicio crítico. Los villanos de la película son por supuesto, los Estados Unidos. Corea y Vietnam, naturalmente, son viles agresiones de esta belicosa nación imperialista.
La Unión Soviética, entre tanto, si no es el bueno de la película, es un malo con muchos atenuantes. Nada se dice de los millones de asesinados por orden de Stalin, ni del ejecutor de sus crímenes, el "benemérito" Lavrenti Beria. Silencio, asimismo para el muro de Berlín, las masacres del pueblo húngaro (1956) y checoslovaco (1968). Tampoco hay una palabra para la posterior invasión a Afganistán.
Tras esta inadmisible falsificación de la historia bien conocida por cuantos nacimos cuando vivían Churchill, Hitler, Roosevelt, Stalin, De Gaulle y Mao Tse Tung -próceres admirables junto a tiranos monstruosos, abominables- está la conocida ideología liberticida de quienes quieren inculcársela a nuestros niños y adolescentes. Ideología que, por ser contraria a la naturaleza humana, hizo implosión en la Rusia soviética y se derrumbó -en un santiamén- en toda la Europa Oriental, según lo vaticinara genialmente Churchill cuatro décadas antes.
Los marxistas, especímenes ideológicos y políticos anacrónicos, en franco retroceso y hasta en vías de extinción en el mundo entero, en el Uruguay llegaron al gobierno por la vía de las urnas, pero en buena medida adoctrinando a la juventud en todos los niveles de la enseñanza. Y, ahora, tras haberles dado esa taza de caldo, quieren atornillarse en el poder doblándole la dosis a nuestros educandos.
Ello está a la vista y ningún problema más grave afecta hoy al país. El Partido Nacional debe enfrentar con la mayor energía tan tremenda amenaza.