CARLOS MAGGI
Leí los números indicadores de una encuesta financiada por el Banco Interamericano de Desarrollo; explora aspectos no económicos que inciden en la calidad de vida de las personas a partir del empleo que cada uno hace del ocio.
La palabra "ocio" viene de ostra (dejarse estar sin hacer nada; tiempo de descansar, a veces aburrido como una ostra).
Aunque eso de parar el trabajo es relativo. Paul Valéry, un exquisito, ponía un cartel en la puerta de su dormitorio durante la siesta: "El poeta trabaja".
La mente, como el corazón, funciona sin parar y su trabajo secreto pasa inadvertido.
El estudio financiado por el Banco Interamericano se titula "CALIDAD DE VIDA, TIEMPO LIBRE Y ACTIVIDAD FÍSICA DE LOS URUGUAYOS: PRESENTACIÓN DE DATOS EMPÍRICOS", fue realizado por los economistas Zuleika Ferré, Néstor Gandelman, Giorgina Piani y Sven Schaffrath; y figura en las "Jornadas de investigación" de la Facultad de Ciencias Sociales.
Las comprobaciones empíricas de la encuesta comprueban por ejemplo que los uruguayos llenan su ocio preferentemente viendo televisión (67%) y/o escuchando música (65%).
Cada uno de los resultados medidos brinda información que importa. Pero a mi entender lo que importa más es un dato culminante, proveniente de una esfera que no es empírica -resultado de una experiencia objetiva: ¿qué hace? ¿Adónde va? ¿En qué emplea ese tiempo?- sino que es introspectiva (una mirada hacia adentro del sujeto al cual se interroga) ¿Es feliz?, pregunta muy tremenda que implica una auscultación profunda de todo lo vivido y por vivir.
La palabra felicidad quiere decir muchas cosas y preocupa a los sabios, desde el nacimiento mismo de la filosofía. Nada es más crítico con respecto a la calidad de vida (en la sociedad que se integra y en el destino existencial de cada uno) que preguntar ¿Es feliz?
Llevamos algo así como 26 siglos perfeccionando el alcance de lo que se quiere preguntar al articular las siete letras de ¿Es feliz?
No hay ningún griego famoso que no haya pensado sobre la felicidad y la sabiduría.
Aristóteles hace consistir la felicidad en la adquisición de la excelencia del carácter y las facultades intelectivas; más una cantidad moderada de bienes exteriores y afectos humanos.
Y en otro pasaje de "La política" agrega:
-Los bienes espirituales, cuanto más abundantes son, más útiles. Cada uno merece tanta felicidad como sea la virtud, sentido y capacidad de obrar que posea.
Tales de Mileto afirma que la buena salud, el buen éxito en la vida y la propia formación, constituyen los elementos de la felicidad: estar satisfecho debido a sus logros en el mundo (Satisfacción quiere decir: "hacer lo suficiente").
Culminando la noción personalista, quien ofrece la formulación más perfecta es Emanuel Kant: "Felicidad es el estado de un ser racional en el mundo, al cual en el conjunto de su existencia, le va todo según su deseo y voluntad".
Pero a mediados del siglo XVIII, algo cambió en la mente humana, David Hume acuñó una fórmula expresiva: "El todo es superior a las partes"; y consecuentemente, el concepto de felicidad debió expandirse; resulta de un bienestar colectivo (difundido) que abarque a un vasto número de personas.
En poco tiempo, esta noción social de la felicidad se convirtió en la base del movimiento reformador inglés del siglo XIX
La Constitución de Estados Unidos incluye, entre los derechos naturales del hombre, "la búsqueda de la felicidad".
La máxima felicidad posible del mayor número posible de personas -según dijo Stuart Mill, acentuando el aspecto masivo por encima del aspecto personal.
En el siglo XX, Bertrand Russell defiende el derecho a la felicidad y agrega una condición indispensable: la multiplicidad de los intereses, la relación del hombre con las cosas y con los otros hombres; la eliminación del egocentrismo, "aquella autosuficiencia" del sabio, que los antiguos habían destacado como único camino para ser felices.
Ahora vamos a ver los resultados de la investigación de la felicidad aplicada a los uruguayos. Copio textualmente:
- Ante la pregunta "¿Qué tan feliz se siente actualmente?", el 30,3% respondió muy feliz; 51,3% bastante feliz; 15,7% poco feliz; y 2,7% nada feliz.
"La conformidad con cada aspecto de la vida del individuo parece crecer con el nivel educativo, acumulando evidencia a favor de que la educación es un determinante importante en la calidad de vida de la persona".
"En el nivel educativo más bajo, 21,2% dijo sentirse poco feliz y 4,5% nada feliz. En el más alto nivel educativo, los valores bajan a 14,3% poco feliz y 0,4% nada feliz."
COMENTO: Estos resultados contienen dos comprobaciones asombrosas.
PRIMERA COMPROBACIÓN ASOMBROSA: la felicidad crece en razón directa del nivel cultural de los uruguayos.
Tenían razón los griegos del siglo quinto antes de Cristo y la filosofía posterior, hasta el siglo XVIII (2.300 años de un acierto, ninguneado en los últimos trescientos años).
Aristóteles afirma que la felicidad se logra mediante "la adquisición de la excelencia del carácter y las facultades intelectivas". "Cada uno merece felicidad según la virtud y capacidad de obrar que posea".
Tales de Mileto afirma que la buena salud, el buen éxito en la vida y la propia formación, constituyen los elementos de la felicidad.
Que haya consideraciones de carácter social no le quita verdad al olvidado planteamiento personal: cuanto mejor formado, mejor preparado para ser feliz.
Y es lógico: una de las consecuencias de la cultura, es la extensión del mundo, de las ideas, el afinamiento de la percepción, ante los fenómenos más complejos o más delicados. Esa riqueza del entendimiento y la sensibilidad permite actuar en cualquier circunstancia del modo más adecuado y eso ayuda mucho a evitar problemas y dolores; permite lograr extensas zonas de paz y de alegría.
La chance de ser felices aumenta en función de la tolerancia que evita la violencia; la simplificación brutal, la tosquedad de las reacciones.
SEGUNDA COMPROBACIÓN ASOMBROSA: Si esta encuesta midió bien, casi todos los uruguayos son felices, ¡¡más del 80 por ciento!!
Estamos viviendo en el paraíso y no nos damos cuenta lo que significa tener un domicilio divino.
-30,3% respondió muy feliz, 51,3% bastante feliz, 15,7% poco feliz y 2,7% nada feliz.
Vale decir: entre muy felices a bastantes felices, el porcentaje de uruguayos felices llega al 81.6 por ciento.
Dejo fuera de esta cifra a los que son un poco felices junto con los que realmente se examinan y ven que no son nada felices: total 18.4%.
Pero atención: en este porcentaje triste están incluidos todos los deudos recientes de muertos por cualquier concepto, los enfermos curables pero doloridos, los que padecen mal de amores, los niños abandonados, los hinchas de Peñarol. Hay amarguras pasajeras.
La comprobación de la encuesta -de cuya solvencia moral y técnica no dudo- comprueba que a los uruguayos no les gusta aparecer como infelices. Una enorme mayoría afirma que "en el conjunto de su existencia, le va todo según su deseo y voluntad"; aunque no sea verdad.
Pienso: en este último orgullo radica la esperanza.
Brindemos por los uruguayos rebeldes que mienten en vez de resignarse al desconsuelo.