Habiendo nacido el 15 de diciembre de 1888 en el hogar de don Aureliano Rodríguez Larreta —un político de formidable presencia y actuación— y de doña Matilde Arocena Artagaveytia, de ilustre familia con firme tradición blanca, Eduardo Rodríguez Larreta desde temprana edad fue reconocido por su inteligencia superior, la que a lo largo de su vida le permitió transitar por años en las agitadas y siempre tumultuosas aguas de la política, siguiendo los ejemplos de su padre, en tanto sus hermanos, hombres y mujeres, también dotados de talento, eligieron otros campos de la actividad humana.
Abogado, periodista, conferencista, profesor de Literatura y de Derecho Constitucional, diputado, senador, Canciller de la República, cofundador con Leonel Aguirre y Washington Beltrán de El País, romántica iniciativa a la que poco más tarde se agregaría Carlos Scheck. Al decir de Rodríguez Larreta, en sincera evocación de aquellos tiempos de aparición del diario, "queríamos volcar sobre el país, día a día, nuestros principios indeclinables y nuestras pasiones generosas, equivocadas o no. Abrimos El País bajo ese signo, bajo el cual, como es natural, habríamos de andar a tropezones y porrazos, varios años, entre vencimientos y déficit hasta que don Carlos Scheck nos tomó de la mano y nos convirtió en lo que nunca esperábamos: en una empresa próspera..."
Periodista de raza como Aguirre y Beltrán, las columnas de El País se convirtieron en duro azote para el gobierno y ello deparó la obligación —nunca esquivada— que sus tres directores, muy seguido, tuvieran que ir al campo del honor, donde uno de ellos, el brillante Washington Beltrán caería para siempre. Si esa muerte provocó profundo dolor en toda la nación, en otro sentido no arredró ni a Rodríguez Larreta ni a Aguirre que siguieron con sus plumas de acero, marcando aquellos principios indeclinables y debieron concurrir, por su causa, a unos cuantos duelos que no hicieron otra cosa que demostrar el enorme coraje que tenían.
En la política, luego de haber compartido con don Aureliano legislaturas en la Cámara de Diputados, accedió por el voto popular al Senado, donde dejó profunda huella de su enorme talento. En 1945, y hasta 1947, ocupó el alto cargo de Ministro de Relaciones Exteriores, acompañado por Martín Aguirre Rodríguez Larreta en la Subsecretaría. Al frente de esa cartera llevó adelante lo que bien se conoció después como "Doctrina Larreta" de la cual existe con tal título un documentado libro de la autoría de Alvaro Casal.
Para las elecciones de 1954, Luis Alberto de Herrera había preparado un camino de unión del Partido Nacional con el artículo 79 de la Constitución del 52 y Rodríguez Larreta que "se arrebujó en su capa de cien combates" al decir preciso de Washington Beltrán, dio el gran paso hacia la unidad partidaria, formando "Reconstrucción Blanca", paso que en las siguientes elecciones de 1958 fructificaría con todo el Partido Nacional unido, vencedor en elecciones inolvidables.
La gallardía y el coraje de que hizo gala en toda su vida, se unen al talento extraordinario con que pasó —como decíamos— por el Parlamento desde la Constituyente de 1917, una espléndida vida tan bien reflejada en el libro de Carlos Sarthou titulado "Eduardo Rodríguez Larreta, estadista de inmutable vigencia".
Es entonces muy fácil recordarlo con emoción, evocándolo así porque el Partido Nacional necesitó, necesita y necesitará siempre, para continuar en su trayecto tan definido en bien del país, de la memoria de sus grandes hombres. Y Rodríguez Larreta lo fue sin duda alguna.