Diego Fischer
Diego Fischer

¿Volverá la pesadilla?

Todo parece indicar que el regreso del clan Kirchner al poder en Argentina es inminente. Desde las internas del pasado 11 de agosto en que Alberto Fernández cosechó casi el 50% de los votos, el retorno de la patota peronista se da como un hecho.

Puede que lo sepamos mañana o, en el mejor de los escenarios para el presidente Mauricio Macri, se confirme el 24 de noviembre.

País rico, habitado por una nación culta supo ser Argentina. Llegó a posicionarse como la economía más poderosa del mundo entre 1895 y 1896 y hasta la década de 1930 ocupó el quinto puesto entre los países más poderosos de los cinco continentes. “Rico como un argentino” era el término que en España, Italia y la misma Francia se empleaba para definir a una persona con mucha plata. Ese mismo país dio a la humanidad cinco premios Nobel, entre ellos Bernardo Houssay (Medicina 1947), Luis Leloir (Química 1970) y César Milstein (Fisiología y Medicina 1980). Tuvo también un eterno candidato a dicho galardón: Jorge Luis Borges, que no por ello deja de ser uno de los más extraordinarios escritores de la lengua castellana de todos los tiempos.

Es la tierra de Alberto Ginastera, de Astor Piazzolla y de René Favaloro, entre muchísimos otros. Pero también, es la patria de Juan Domingo Perón y Eva Duarte. La que trató de dignificar -sin éxito- Arturo Frondizi y que enterró en sangrientas sepulturas anónimas Jorge Videla y sus camaradas de armas. El país que conoció la verdadera senda democrática con Raúl Alfonsín, pero que no supo calibrar el talento y la honestidad del expresidente radical y lo obligó a entregar la banda presidencial, meses antes de que finalizara su mandato.

Es la misma Argentina que luego se timbeó todo paladeando pizza y champán con Carlos Menem. La república que volvió a tener esperanzas por unas semanas con Fernando de la Rúa y la que Néstor y Cristina Kirchner saquearon y destrozaron como nunca nadie hubiera imaginado. Ni Gabriel García Márquez en su afán de sorprender lectores hubiera imaginado tanto desquicio.

Hay quienes sostienen que la decadencia del país hermano comenzó con la llegada de Perón al poder, en 1946. Otros afirman que sucedió antes, en la década de 1930, cuando un golpe militar derrocó al presidente constitucional Hipólito Yrigoyen e inauguró la sucesión de dictaduras o gobiernos civiles títere que gobernarían durante la denominada Década infame. Años en los que campeó el fraude electoral y la violación a la Constitución. Se sabe, dicha década terminó como comenzó: con un golpe militar en 1943, pero no la infamia.

Desde aquellos años, en que un Perón autoritario y populista era vivado por las multitudes en la Plaza de Mayo, transcurrieron más de siete décadas. Argentina hoy sigue siendo un país de riqueza infinita, aunque un porcentaje muy grande de sus habitantes vivan en la pobreza. El camino recorrido por el presidente Macri, en materia económica no parece haber sido el acertado, es cierto. ¿Pero, acaso no importan los esfuerzos por preservar la República?

El regreso de los Kirchner y su banda será para los uruguayos una pesadilla ya sufrida. Pero es el pueblo argentino soberano y en el goce pleno de sus derechos el que decidirá su destino.

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