Diego Fischer
Diego Fischer

Vejez y mezquindad

Veníamos muy bien, demasiado bien. Hacía meses que no hablaba y muchos tuvimos la esperanza que se había autoimpuesto silencio como forma de contribuir al bien del país. Pero fue inútil. Uno a veces es muy ingenuo.

Me refiero a la senadora Lucía Topolansky que en las últimas horas salió a arremeter contra el presidente Luis Lacalle Pou en una entrevista publicada por el semanario Crónicas.

“Ha centrado el poder en sí mismo, no cede ni una uñita, no trabaja en equipo”, sentenció la exvicepresidenta de la República y remarcó: El presidente “está obsesionado con estar presente, pero no ha estado en las ollas populares, donde duele. Es fantástico que le corte la cinta al shopping de Avenida Italia; lo tiene que hacer porque puede generar algún puesto de trabajo, pero tenemos una cantidad de ollas funcionando y esa es la imagen más dura de la pobreza”.

Topolansky fue vicepresidenta de la República en el segundo gobierno de Tabaré Vázquez y senadora en la administración de su marido José Mujica. Por lo tanto sabe a carta cabal qué país entregaron el 1° de marzo de 2020 y en qué condiciones lo hicieron. La corta memoria ha sido siempre una de las características de la izquierda uruguaya.

Hacer política con las ollas populares, la falta de empleo y las necesidades de mucha gente es hoy más que nunca una inmoralidad gigantesca. Máxime cuando se ejerció el poder durante tres lustros consecutivos y con mayorías parlamentarias absolutas.

La que formuló declaraciones a Crónicas es la mujer del peor presidente de la República que tuvo el Uruguay desde el retorno a la democracia y seguramente en toda su historia. Su marido, ella y sus secuaces de la ultraizquierda son los responsables de la gestión que se tragó cientos de millones de dólares con la Regasificadora, con Aratirí y el puerto de aguas profundas, que clausuró Pluna y ahora el Estado uruguayo deberá afrontar un juicio multimillonario en dólares. Su marido y ella son también los que le hicieron los mandados a Cristina Kirchner y habilitaron el ingreso de Venezuela al Mercosur. ¿Por qué? Por aquello que lo político está por encima de lo jurídico.

Instauraron el pobrismo en la sociedad uruguaya y alentaron a los menos favorecidos a vivir del Estado, echando por tierra uno de los valores más sagrados de los uruguayos: la superación social a través del esfuerzo y del estudio.

Destruyeron la imagen internacional del país, considerado siempre una República seria y respetuosa del Derecho Internacional. De la Suiza de América casi nada quedaba cuando llegaron al gobierno, es cierto pero porque ellos se habían dedicado a destruirla a fines de la década de 1960 y comienzos de 1970. Sí nos transformaron, en el período 2010-2015, en la murga de América. Desde que la ciudadanía les dio de baja en las urnas y apostó a un cambio real, se han dedicado a poner piedras en todos y cada uno de los caminos que la nueva administración transita. Solo destruyen, primero lo hicieron con las armas , luego con su gestión de gobierno y ahora desde la oposición.

En sus declaraciones, Topolansky, minimizó también el esfuerzo del gobierno con el plan de vacunación: “es muy fácil conseguir vacunas para tres millones y medio de personas”, dijo.

El silencio es una virtud que cultivan las personas inteligentes, sabias y que anteponen intereses personales al bien de la sociedad. Está claro que este no es el caso.

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