Diego Fischer
Diego Fischer

En los sueños de Ana y de Juana

Montevideo limpia, sin basurales. Sin carros de hurgadores, para no mostrar jamás a los que vivimos en ella y a quienes nos visitan la más lastimosa e inhumana cara que una sociedad puede tener: niños, hombres y mujeres viviendo de la basura.

Montevideo limpia, sin basurales. Sin carros de hurgadores, para no mostrar jamás a los que vivimos en ella y a quienes nos visitan la más lastimosa e inhumana cara que una sociedad puede tener: niños, hombres y mujeres viviendo de la basura.

Montevideo sin gente durmiendo en la calle. Una ciudad en la que ir a trabajar en transporte público no sea un suplicio y en la que trasladarse en auto no constituya un riesgo. Montevideo con sus parques y plazas cuidadas. Iluminada por las noches. Segura a toda hora. Una ciudad verdaderamente integrada, como lo fue hace más de cuarto de siglo. No dividida entre los “cajetillas de Pocitos” y los de avenida Italia al norte porque “huelen mal”, según célebres expresiones del expresidente Mujica.

Una ciudad con una justa y buena administración, en la que todos los funcionarios trabajen y no marchen al marcial paso de un sindicato patotero. Una Montevideo en la que los tributos municipales vuelvan a los contribuyentes en servicios y obras y no sean la generosa beca para los miles de privilegiados empleados del Palacio Municipal. Una ciudad gobernada por gente que no improvise y dilapide millones de dólares en obras inútiles como el Corredor Garzón. La capital en la que sus inspectores de tránsito sean ciudadanos decentes, que eduquen a los conductores y no aves de rapiña que se esconden para sancionar a los conductores porque -luego- serán premiados por multar y maltratar a la gente. Montevideo la del Teatro Solís como funciona hoy, con su Comedia Nacional y su Orquesta Filarmónica. Porque es justo reconocer las cosas que se han hecho y funcionan bien.

¿Será mucho pedir? Yo creo que no. Basta con visitar algunas de las capitales del interior del país, para comprobar que una administración eficiente y que tenga como centro a los ciudadanos y no a una fuerza política y sus intereses, es posible. Colonia, San José, Trinidad, Florida, Durazno y Tacuarembó, entre otros, son ejemplos. ¿Acaso no forman parte del mismo Uruguay?

En quince días los montevideanos iremos a las urnas a elegir al intendente y los alcaldes que gobernarán los próximos cinco años. El resto de los compatriotas harán lo mismo en sus respectivos departamentos.

En 1990, el FA llegó por primera vez al edificio de 18 de julio y Ejido. Allí ha permanecido, por decisión popular, durante 25 años. Los resultados están a la vista de quien quiera verlos. En todo este tiempo dos generaciones crecieron o nacieron bajo administraciones frenteamplistas y muchos vecinos se han acostumbrado a vivir en una ciudad maltratada y mal querida por sus autoridades. El 10 de mayo tenemos la oportunidad de cambiar.

La intendente Ana Olivera, el viernes pasado, por el Día de los Municipios de América dio su mensaje: “(…) saludo fraterno a todas las funcionarias y a todos los funcionarios municipales que con su esfuerzo, participación y compromiso han hecho, hacen y harán posible el departamento de nuestros sueños…”

Yo elijo a la Montevideo a la que Juana de Ibarbourou le escribió y la que eligió para vivir y morir: “Conozco la dicha de ser propiedad de una ciudad y de sentirla mi piel, mi sueño chiquito, mi insomnio gigante, mi esperanza de polvo, mi montaña de acontecimientos….”

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