Diego Fischer
Diego Fischer

La solidaridad a medias

Se los puede ver trabajando en comercios de los shoppings, del Centro y en supermercados.

Se los identifica por su tonada caribeña al hablar, pero se destacan por la educación y la buena disposición al atender a los clientes. Son venezolanos, que en un número creciente han llegado y llegan a Uruguay en búsqueda del sustento y la libertad que en su país se les niega. Muchos de ellos son profesionales universitarios aunque cumplan tareas que poco tienen que ver con lo que estudiaron. Son mayoritariamente jóvenes y no ocultan su tristeza cuando uno hace referencia a la situación de su país, aunque se limitan a manifestar su esperanza que la situación cambiará algún día.

Según cifras oficiales, el gobierno uruguayo otorgó, en 2017, casi 3.300 residencias a ciudadanos venezolanos. Fue la primera vez, que la cifra superó a los documentos extendidos a ciudadanos argentinos que, en igual período, alcanzaron a los 2.225. Aunque en el caso de los argentinos son muy distintas las razones que los trae a Uruguay. Mientras los venezolanos buscan pan, trabajo y libertad, los argentinos, en su gran mayoría, llegan para afincarse en un país que consideran más seguro y en el que encuentran mejor calidad de vida.

Al otorgar la documentación, el gobierno uruguayo no está haciendo otra cosa que retribuir, en parte, la solidaridad que Venezuela tuvo con muchos, muchísimos compatriotas que debieron marchar al exilio, durante la dictadura militar. En esos años, aquí gobernaba una tiranía similar a la que hoy retiene el poder en Venezuela. Aquí había presos políticos, partidos y dirigentes proscriptos, la prensa estaba amordazada y se perseguía a todo aquel que pensara diferente al régimen imperante.

Al igual que en la Venezuela de hoy, en aquel Uruguay los gobernantes encontraban enemigos en todas partes. La dictadura uruguaya los veía en el comunismo internacional incluyendo en esta bolsa al ex presidente demócrata de los Estados Unidos, Jimmy Carter. Hoy Venezuela encuentra enemigos en todos los gobiernos democráticos del planeta y sus aliados son Irán y la Bolivia de Evo Morales.

El sábado pasado, El País publicó un informe en base a materiales proporcionado por las agencias internaciones Efe y France Press, en el que se consignó que diariamente cruzan 37 mil personas la frontera con Colombia por el puente de Cúcuta para buscar alimentos y medicamentos. También se informó que suman 550 mil los venezolanos que ya residen en Colombia. Se estima que más de mil venezolanos abandonan diariamente su país. Huyen de la tiranía de Nicolás Maduro, el fantoche que sucedió al histriónico populista Hugo Chávez. Pese a que Maduro sumió a su país, uno de los más ricos del continente, en la miseria, aspira el próximo 22 de abril a renovar su mandato en elecciones ya viciadas de origen.

Es cierto, Uruguay está retribuyendo a los venezolanos la solidaridad que prodigó a nuestros compatriotas. Pero no es suficiente. ¿No sería coherente y necesaria una condena al gobierno de Nicolás Maduro? ¿Se acuerdan cómo reaccionó Venezuela, ante el secuestro de Elena Quinteros?

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